Por Luis Sagüés Garay

Este parece ser el lema del gobierno terminal de Boric. Es muy difícil aun, comprobar mala intención, pero a simple vista, ha sido una administración cargada de irresponsabilidad, casi infantil. Desprolijidad, falta de control y cuidado aun con las cosas más delicadas. Un apoyo incondicional a amigos, amigas, y compañeros de esparcimiento. Todo un mundo de caricaturas de la realidad. Son innumerables los actos de descuidos reiterados en que ha sido denunciado este gobierno por distintos órganos de información. En ninguno de ellos ha dado explicaciones satisfactorias. Seria muy largo e improcedente en estos momentos de su despedida, hacer un recuento de ellos. Los más bochornosos, han quedado plasmados en las investigaciones de la contraloría general de la república. Pero quedan atrás los errores en que el gobierno de Boric trató de cumplir su desatinado programa. La propuesta constitucional que el país calificó de “mamarracho” y que fue rechazada por un 62% de la ciudadanía, es un ejemplo de la infantilidad que mostró este gobierno. Este tamaño desaguisado, la nación de pie, impidió en las urnas por abrumadora mayoría que se consumara. Dando al mismo tiempo un ejemplo de madurez cívica histórica y patriótica. Pero hay que reconocer como positivo que la gente conocía -porque lo había explicitado el propio candidato- que su objetivo era sepultar el modelo neoliberal, que había dado al país los años más virtuosos de su historia. Y que puso a Chile -después de la amarga experiencia de la UP- gracias al Gobierno Rectificador de las FF.AA. y de Orden, a la cabeza de los países sudamericanos. Este modelo, Boric ofrecía sepultar. A pesar de lo cual la ciudadanía de aquel momento, lo ungió presidente de la república.
Tremendos errores permitidos por el sistema democrático.
Una vez que la ciudadanía rectificó su mala elección, el gobierno quedó sin libreto, para seguir su mandato. Pero continuó a través de los mecanismos legales y gracias al juego parlamentario, impulsando tibiamente la sepultura del modelo.
Esto produjo una paralización de la inversión, fuerte huida de capitales, producto de lo cual se detuvo la construcción, creció la cesantía y el desarrollo se paralizó. El modelo gracias a sus fortalezas propias, resistió y los empeños del gobierno fracasaron.
Tenemos cuatro años de incertidumbre paralización del desarrollo y atraso. Confiamos en que este nuevo gobierno, aplicando políticas conocidas, con una orientación diametralmente opuesta al gobierno saliente, debe volver a recuperar la senda del progreso y desarrollo. Único camino para derrotar la pobreza y lograr el ansiado bienestar.