Por Luis Sagüés Garay

Qué maravilla vivir en un continente donde los grandes dramas que sufren Europa y el medio Oriente, no nos afectan. Estamos inmersos en un territorio privilegiado, lejano de los cuantiosos problemas globales. La segunda guerra mundial, de la cual fuimos contemporáneos varios de los actuales habitantes de Chile, solo la conocimos a través de la aun imperfecta prensa chilena de los años 40 del siglo pasado. Era posible enterarse de lo que ocurría en Europa, a través de la información periodística o radial. Pero cuyos escasos lectores, podían enterase de las más atroces noticias, sentados en un cómodo sillón e incluso, recostados en sus camas. Sin tener que sufrir ningún riesgo de lo que pasaba en los territorios asolados por la guerra. Hoy en nuestro pacífico valle del Puangue nos enteramos de los tremendos sucesos que ocurren en el medio oriente, por la prensa o televisión, sin tener ningún sobresalto. La guerra entre Israel, EE.UU. e Irán, está al máximo de su intensidad. El país controlado por los islamistas chiitas -una de las sectas más violentas de esta religión- no tiene casi ninguna posibilidad de triunfar, pero puede producir un daño inconmensurable para la economía mundial, que nadie aún puede dimensionar. El precio internacional del petróleo factor que afecta de una u otra manera a todos los habitantes del planeta, puede llegar a niveles casi insospechados aún. Este conflicto que gracias a la divina Providencia no ha tenido grandes pedidas humanas, va a repercutir gravemente en el bolsillo de las personas, aunque estas estén muy lejanas de los escenarios del conflicto. Cuando suben los combustibles suben todos los precios, porque en el cálculo de estos, siempre hay un componente que es el traslado.

La guerra que originalmente Trump vaticinaba que duraría muy poco (4 a cinco semanas) se puede extender mucho más, porque Irán controla el estrecho de Ormuz por donde circula el 90% de barcos que surten de petróleo al 25% de los países del mundo, Incluyendo a China, que se nutre de ahí con el 50% que necesita. El problema para EE.UU. es que, para dominar el estrecho de Ormuz, necesita desembarcar fuerzas militares en ese peligroso terreno, blanco fácil de la artillería iraní. Lo que implica un gran riesgo en vidas humanas que parece no estaba considerado por la potencia norteamericana. USA, es una democracia muy activa y con un fuerte equilibrio entre los dos grandes partidos dominantes. De tal manera que cualquier traspié para Trump, le puede costar muy caro políticamente. Si bien es cierto que el triunfo de esta aventura bélica está definido en favor del coloso del norte, los costos en vidas pueden ser determinante para la administración Trump. La guerra de Vietnam no la perdió en ese país. Fue un triunfo de la izquierda comunista dentro de USA.