Por Luis Sagüés Garay
El asumo de la Junta militar en Chile, integrada por las tres ramas de la FF. AA y Carabineros, recurrió a un gobierno que permitiera en el más breve tiempo posible, normalizar al país, restableciendo la institucionalidad constitucional, y haciendo las reformas necesarias para evitar -en lo posible– volver a caer en la misma situación, que obligó a utilizar tan extrema medida. Esto en el caso chileno demoró 16 años. Los cuales permitieron que el país tomara un ritmo de desarrollo que lo llevó a conseguir, los 30 años más virtuosos de su historia, y casi lograr el nivel de país desarrollado.
Si esperamos en Venezuela algo similar al milagro chileno, tendríamos que pensar en una recuperación de la normalidad tanto en el ámbito institucional (pacificación y legalidad) como económico, que se enmarque en la situación propia de Venezuela.
Lo que parece está haciendo el presidente Norteamericano Donald Trump es, a través de la intervención externa -a diferencia de la chilena- conseguir una transición a la democrática, que consolide un gobierno que permita en el menor tiempo posible un restablecimiento del orden legal y el desarrollo económico.
Para esto, el gobierno de transición –que supongo- cumplirá la misión de la junta de gobierno en Chile, incluida la presidencia del general Augusto Pinochet, tiene que tomar todas las medidas que permita que la democracia se establezca sobre una base sólida, que impida volver a caer en la anarquía y desgobierno, que conocemos como la dictadura comunista chavista. Últimamente manejada por el narcotraficante marxista Nicolás Maduro.
Lo que en Venezuela el presidente Trump está -a mi juicio- tratado de hacer, es utilizando parte de la estructura gubernamental de Maduro (Delcy Rodríguez y su hermano Jorge personajes clave) para disolver los enclaves autoritarios corruptos y delictuales, como son el Cartel de los Soles, los Colectivos armados, las Fuerzas Armadas bolivarianas, que defienden hasta hoy al régimen de Maduro. Para luego permitir, un nuevo orden militar y policial legítimo, que asegure la estabilidad del sistema democrático, que se supone, asumiría a finales de este año. Menuda y compleja tarea para realizarla en tan breve espacio de tiempo.
Hay opiniones muy impacientes y poco reflexivas, que apuran una muy pronta vuelta a la democracia plena en Venezuela. Pero esto podría ser un error mayúsculo, si no se toman estas y posiblemente otras importantes medidas: económicas (desarrollo de la industria extractiva del petróleo) legales: (nueva Constitución) nuevo sistema electoral, que asegure elecciones libres e impolutas. Sin estas necesarias medidas se podría desplomar el esfuerzo hecho hasta ahora, por el presidente Trump.
Todo lo anterior muy previo al llamado a nuevas elecciones en Venezuela.