Por Luis Sagüés Garay
Un poco de historia reconforta los ánimos tan deprimidos por las innumerables irregularidades que ha descubierto la Contraloría General de la República, que implican la pérdida o mal uso de cuantiosos recursos chilenos.
Que contraste más tremendo, entre el proceder heroico de nuestros padres fundadores, con los actuales refundacionales políticos modernos.
Este 12 de febrero se conmemoró un aniversario más de la batalla de Chacabuco, episodio que se considera históricamente, al nivel de la batalla de Maipo o Junin y Ayacucho. Que sellaron definitivamente la independencia americana.
Este combate fue el producto de una larga preparación realizada en Mendoza, en que el Libertador General José de San Martín, con financiamiento del novel Estado Argentino, instauró un selecto y organizado ejército de más de 4200 hombres, para iniciar en Chile la fatigosa y costosa empresa libertadora de Sud América. Esta tarea que requiere gran decisión y esfuerzo, contó además con la participación del bisoño ejército chileno, derrotado por las fuerzas realistas en Rancagua. Don Bernardo O´Higgins y un numeroso grupo de patriotas chilenos asilados en la ciudad vecina argentina, integraron las primeras plazas del Ejercito de Los Andes, comandado por el General don José de San Martín. Este militar de carrera, tenía una vasta experiencia comenzando su misión, integrado al ejército real de España. Donde tuvo la oportunidad de participar en numerosas batallas, una de las cuales fue, la célebre batalla de Bailén, donde el ejército español, reforzado fuertemente por el comprometido pueblo hispánico, derrotó estrepitosamente a las veteranas e invasoras fuerzas napoleónicas en Bailén.
O´Higgins se integró inmediatamente a la campaña de San Martín y poniéndose a su disposición, participó como recluta, en la instrucción militar siendo un importante aporte.
O´Higgins había sufrido la amarga experiencia del desastre de Rancagua, instante en que contrajo el poderoso compromiso, de rendir la vida si fuese necesario, para libertar su suelo patrio. Es por esto que San Martín vio en don Bernardo –a pesar de su falta de preparación militar– un aliado incansable, en la difícil obra de la emancipación americana.
Dos años costó al menos la preparación del imponente Ejercito de los Andes, compuesto en un 70 % por argentinos, 30 % de chilenos tanto en la oficialidad como en la clase.
Al cabo de este tiempo se emprende la dura travesía de los Andes. A O´Higgins, San Martín lo distingue con el grado de coronel comandante de la segunda división, quien junto a Estanislao Soler comandante de la primera, debían enfrentar al ejército realista en Chacabuco. La demora incomprensible de Soler -dio descanso a sus tropas- antes del combate, obligó a O´Higgins a actuar precipitadamente para prevenir un desastre por falta de la primera división de Soler. Don Bernardo, haciendo gala de su arrojo y desprecio por su vida en el campo de batalla, encabezó a su división y transformó una inminente derrota en el glorioso triunfo de Chacabuco. Era su impronta, no era un soldado de carrera, pero su valor y primer lugar en el combate a la cabeza de sus hombres, lo hacía imponer un magnetismo entre sus camaradas, que lo seguían ciegos, arrollando al enemigo que caía vencido, con la fuerza demoledora de este improvisado soldado.
Chacabuco abrió las puertas de la emancipación americana y la sucesiva secuencia de glorias y derrotas, terminó en Chile con la Batalla de Maipo y la formación del Ejercito Libertador del Perú. Una obra casi absolutamente producto del esfuerzo y empeño indoblegable del Libertador Bernardo O´Higgins Riquelme. Para Simón Bolivar, “O´Higgins es El buen Genio de América”.
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