Por Luis Sagüés Garay

Después de varios meses se ha despejado definitivamente la incertidumbre, en el gobierno venezolano. Con un sistema que solo ha provocado daño y miseria a un país, que tiene los recursos naturales más generosos que se pueden esperar. Este opulento suelo, que tiene uno de los yacimientos de petróleo más grande de occidente, está viviendo en la miseria, gracias a una administración incompetente que todavía quiere imponer un sistema político económico comunista, que ha sido el fracaso más rotundo en la historia de la humanidad de los últimos 300 años. Lo curioso es que aun en el planeta hay una proporción no menor de personas que quieren adoptar para sus pueblos, este sistema perverso, a través de elecciones libres e informadas. Como nos ocurrió acá en el último comicio electoral, donde la candidata comunista admiradora del régimen venezolano de Chaves y actualmente Maduro, obtuvo un 40% de las preferencias. Todo racionalmente inexplicable. Es posible que los partidarios de estas doctrinas totalitarias y degradantes, crean que ellos todavía pueden tener privilegios, que no han podido obtener con modelos exitosos y libres. Pero donde el trabajo, es una condición “sine qua non”.

Venezuela en los años 60 del siglo pasado, tenía el ingreso per cápita más alto de Sudamérica. Caracas era una de las capitales más hermosas y prósperas del continente americano. Era en aquel tiempo el polo de atracción más importante, para aquellos americanos que querían con un sistema de libre emprendimiento, en una economía más cercana al liberalismo, obtener muy buenos resultados en todo orden de índices de progreso. Muchos chilenos se fueron con mucho éxito a vivir a Venezuela. Pero todo aquel esplendor magnífico, se desplomó cuando asumió el gobierno Hugo Chaves, un militar político, que llegó destacando exageradamente lo que el régimen no entregaba, y a través de un sistema comunista copiado de la Cuba castrista, fue demoliendo todo lo que los venezolanos habían ido logrando con esfuerzo, talento, empeño y tesón. Una experiencia más, en nuestro continente de como el comunismo perverso, destruye los países más afortunados del planeta. Esta vivencia caótica se trasmitió a una importante cantidad de naciones en nuestra región. Gracias a la persistente propaganda que hace el comunismo nacional e internacional, termina convenciendo a los incautos que, por distintos motivos, no les interesa y no quieren participar en política histórica. Aquellos que dicen, a mí no me motiva la política, yo tengo que trabajar igual, cualquiera sea el que gobierne. Un gran y trágico error, aquellas voluntades indolentes y mezquinas, terminan entregando los países a un grupo de corruptos fanáticos de un modelo que concluye imponiendo sistemas absolutamente conculcantes de los derechos fundamentales. Lo cual conduce al hambre, la miseria, el oprobio y la esclavitud.

La intervención del presidente Trump en Venezuela, no tenía como objetivo desestabilizar el gobierno comunista tiránico de Maduro. Este ya no era presidente de Venezuela, el había desconocido el triunfo electoral que había obtenido Edmundo González Urrutia, en las últimas elecciones normales en aquel país. Y se había entronizado en el poder como una dictadura comunista, que perseguía cruelmente a sus opositores. Nicolás Maduro ya no era presidente legítimo en Venezuela. Pero como monopolizaba la fuerza de las armas, seguía gobernándolo. Empobrecido el país, por una pésima administración, recurrió al tráfico de drogas, que llevadas en forma clandestina a EEUU y vendía con pingues ganancias, que le permitían a él y a su grupo de partidarios, seguir disfrutando a costa de la miseria del resto de los habitantes. Sin embargo, no se trató, de deponer un sistema político comunista perverso y fracasado. Sino sacar del mando a un narcotraficante terrorista que, para financiar sus caprichos de dictador, envenenaba a los norteamericanos, especialmente menores de edad, vendiéndole drogas. Un malvado que debía ser depuesto a como diera lugar.

Los partidarios de las ideas de izquierda marxista, que infestan nuestros países, salieron a condenar la acción del presidente Trump. Porque ellos se benefician con el mando de Maduro con prebendas y dineros que les permiten financiar sus campañas políticas sin ningún escrúpulo. Aquí en Chile, gran parte de la izquierda de todos los tonos, muy especialmente el Frente Amplio y el Partido Comunista, condena la acción del Gobernante Norteamericano, que tuvo la valentía de defenestrar a esta lacra que gobernaba al gran país caribeño.