Por Luis Sagüés Garay

Exultante el 58% de los chilenos con el aplastante triunfo electoral de la libertad, sobre el servilismo y la opresión, que muestran naciones que se ven cautivas por regímenes marxistas. Se avizora para Chile una época de esperanza, en un progreso sostenido, que debe ser impulsado por la iniciativa privada y la contribución personal, con el talento el empeño y el esfuerzo de todos los que quieren avanzar en libertad, hacia un definitivo desarrollo.

Sin duda esto no es una tarea fácil, el propio presidente electo lo ha mencionado en su primer discurso.

La situación económica, social y política es delicada, hay fuerzas discrepantes con un modelo exitoso, que se aprestan a imponer las dificultades, para que vuelva a tener el éxito que tuvo. La izquierda extrema, se apronta actuar como está acostumbrada a hacerlo, dificultando el desarrollo. Ya en los últimos años del fenecido gobierno de Boric, lo ha hecho. Paralizando totalmente al país y haciéndolo retroceder en muchos aspectos. Cuando el propio presidente Boric decía, que quería transformar a Chile en el cementerio del capitalismo, ofrecía destruir el modelo que había dado a nuestra nación el periodo más virtuoso de su historia, poniéndonos a escasos pasos de los países desarrollados. Habíamos logrado pasar del último lugar de América Latina. En todo orden de indicies de desarrollo, a ser los” jaguares” de este continente. “La joya más preciada de la corona americana” (Bill Clinton). Ahora nos disponemos a volver a retomar esta senda alentadora de progreso cultural social y material. Chile ha logrado -con este triunfo electoral- infundir optimismo y tranquilidad, para que los inversionistas pongan sus capitales a impulsar un nuevo periodo de crecimiento, que es la clave del bienestar social. El triunfo electoral contundente de José Antonio Kast, como lo expreso la candidata perdedora, indica que la ciudadanía ampliamente, cree en su programa.

Chile en su arduo camino al desarrollo, ha tenido que sortear últimamente gobiernos que, a pesar de la importante experiencia internacional de fracasos, insiste en elegir mandatarios que perseveran en instaurar un modelo absolutamente funesto, como han sido las experiencias de la Unidad Popular en el siglo pasado y en este, las de Bachelet y Boric, que han precipitado al país en una hecatombe política, moral, social, económica y delictual, sin precedentes. Sus ofertas tienen como ejemplo, Cuba, Venezuela y últimamente Nicaragua, con sustitutos como los de los Kirchner en Argentina y Petro en Colombia. La experiencia chilena nos dice, que estos derroteros son una ruina. Empezando por destruir todo lo positivo logrado hasta el momento, para sustituirlo por un malhadado sistema que solo trae miseria. Es fácil concebir que hacer algo es mucho más difícil que destruirlo. Y estas ofertas políticas imponen como condición inicial, destruir lo logrado hasta este momento. Es largo de enumerar los infinitos ejemplos de fiascos comunistas. Por eso es preocupante, como puede haber en Chile un 40% al menos, que piense en volver a tropezar con tamaña roca.