Tierra, tierra, los gritos de dramática esperanza de Rodrigo de Triana al divisar de su puesto de vigía, en lontananza las costas de las islas Bahamas o Lucayos. Bautizadas posteriormente por el insigne navegante, como San Salvador. Así terminaba una tortuosa travesía de 70 días en que la tripulación desesperada, presa del pánico de perder la vida en esta aventura, se amotinó y engrilló a Colón a la mesana de la Santa María. El encuentro con la tierra prometida por el navegante Genovés, distrajo y olvidó todos esos momentos amargos.
El principio de este suceso, tan trascendente para la humanidad europea, tuvo sin duda varios orígenes. Los reyes católicos Isabel de Castilla y Fernando de Aragón, habían visto en el navegante, la posibilidad de encontrar nuevos mundos para establecerse allí, huyendo del invasivo e incontenible avance del islamismo. Que ya en esos años iba cubriendo inexorable toda Europa.
Para Colón era la posibilidad de encontrar nuevas rutas, hacia la india y así poder efectuar con seguridad el tráfico comercial de las sedas y especies.
Pero jamás aun para los más optimistas, pudieron imaginar el tremendo efecto en todo orden de cosas que tuvo esta magna empresa de los Reyes Católicos y el almirante Genovés. En poco más de cincuenta años, los modestos reinos de Castilla y Aragón, amenazados por el avance musulmán, se habían convertido en el imperio más poderoso de la Europa pos edad media. Desde las Antillas hasta el cabo de Horno, los épicos galeones de España, habían conquistado una muy importante parte de este planeta. Y además detenido severamente la invasión islámica en la península Ibérica y en gran parte de Europa.
Habían iniciado la evangelización más exitosa de la era moderna, difundiendo la fe católica en forma pacífica y libre, en los territorios poblados y conquistados para el imperio español.
El intercambio comercial de todo tipo de productos entre estos dos mundos, fue un aporte al progreso y desarrollo de los dos sectores comprendidos. De América se llevó a Europa la papa, que solucionó grandes hambrunas en ese continente, los camotes, porotos, maíz, zapallos, tomates, el cacao, son el aporte entre otros, a la deficiente dieta que afectaba a Europa en esos años. Por otro lado, los frutales la vid, el trigo, la cebada, el centeno, la avena todos ricos cereales, la caña de azúcar, vinieron a complementar la alimentación americana. Los cultivos de las cabras, las ovejas, los equinos, los cerdos los vacunos, fueron valiosos aportes europeos al nuevo continente. Todo lo anterior como una contribución inmediata a este fructífero encuentro.
Pero lo más trascendente, el valiosísimo mestizaje entre los habitantes de estas remotas tierras y los civilizados y cultos europeos. Un encuentro enriquecedor para ambos participantes. Un sueño para Los Reyes católicos, hecho realidad por don Pedro de Valdivia y Michimalonco en Chile.