Por Luis Sagüés Garay

La situación en Venezuela parece estar decidida. La caída del régimen oprobioso y tiránico del comunista Nicolás Maduro es, definitivamente terminal. Pero existe a mi juicio la incógnita de cuál será el sistema que lo reemplazará. ¿Por qué, es imperioso dilucidar esto? Un régimen con absoluta libertad es impracticable en un país aún lleno de terroristas, narcotraficantes y delincuentes arrimados al alero del Estado. En ese escenario no es posible sostener un régimen democrático, con amplias libertades, que solo podrán ejercer aquellos que aun detenten las fuerzas de las armas, que es lo que ocurriría si se estableciera inmediatamente, una democracia plena. No es al menos lo que ha ocurrido en países que también estuvieron capturados por sistemas muy similares a lo que existe hoy en el trágico pueblo caribeño. Es muy difícil pensar, que se pueda establecer una democracia plena, sin antes sanear drásticamente los perversos males del extremismo comunista, del denigrante narcotráfico y los lucrativos carteles de la droga. Me temo que haya que reemplazar al poder narcoterrorista, por un poder que tenga posiblemente, la misma capacidad bélica, pero con una inspiración, patriótica ética y moral, absolutamente opuesta al sistema actual. Eso lamentablemente no se puede conseguir con un sistema de totales libertades inmediatas. El tránsito a una democracia plena, exige un cambio total de las reglas constitucionales. Puesto que la actual ha favorecido o permitido el acceso, a este sistema tiránico, que es imposible de eliminar desde adentro y solo lo pueden desplazar, un potencial bélico como el que muestra la principal potencia mundial. Nadie cuerdamente podría esperar que a través de elecciones libres -como ya fue demostrado en Venezuela- se puede zafar de una dictadura perfectamente entronizada en un país. La patria de Bolívar no se puede liberar hoy, al igual que en el periodo de la independencia, sin la imposición, de una fuerza poderosa, legitima y moral. Tamaño desafió para una tremenda y compleja realidad. El régimen marxista del cartel de los soles, ha traficado además de drogas, también durante 25 años, a un sistema monolítico, que hoy detenta esta rica, pero empobrecida nación. La lucha contra el narcoterrorismo comunista, es de muy ardua derrota y exige coartar al menos temporalmente, las libertades. Los pocos pero fanáticos narcoterroristas partidarios de Maduro, a la caída de este, se organizarán con armas y pertrechos bélicos y harán imposible el ejercicio pacífico, de cualquier gobierno opuesto a ellos. Otro cambio, que hay que establecer, es un sistema económico diametralmente opuesto al actual. Esto inevitable y previo, a cualquier intento de restablecer la normalidad. Porque, implica, medidas económicas muy duras para la ciudadanía toda. Las cuales, aunque indispensables, producen momentáneos pero fuertes estado de malestar. Por ejemplo, la drástica reducción de la inmensa burocracia estatal, característica de estos sistemas asistencialistas comunistas. La inflación otra contienda difícil, pero que es indispensable superar.

No hay política correctiva que pueda subsistir sin entrar en dolorosas medidas económicas. Ayudaría a esta difícil situación inicial del cambio de gobierno venezolano, una técnica, eficiente e inteligente en la administración del petróleo, que puede disminuir sustancialmente el periodo de recuperación de la normalidad ciudadana.
Una vez que el país resuelva estos tremendos incordios, podrá disfrutar una democracia plena y sustentable.