Por Luis Sagüés Garay
“Virgen del Carmen Bella”, es el canto que se aprende en la niñez chilena, madre del Salvador, de tus amantes hijos, oye el canto de amor”.
Está impreso en el espíritu patrio, la devoción a la Virgen del Carmen, porque desde la colonia, se manifestaba su demostración de aprecio espontaneo, considerándola madre Chile. Es por esto, que nuestros padres de la Patria, la ungieron antes de partir de Mendoza, como Patrona del Ejercito de los Andes, aunque las autoridades del consejo de guerra argentino, recomendaron a San Martín, el nombre de la Virgen de la Merced. Pero la popularidad de la Carmelita, se manifestaba en casi todos los soldados que integraban este glorioso ejército, llevando un escapulario de la virgen del Carmen en su cuello. Esto hizo a San Martín -con la opinión mayoritaria de todos sus oficiales- elegirla como Patrona y jurarle fidelidad. Después del triunfo en Chacabuco, y ante la inmensa incertidumbre, las autoridades chilenas el 14 de marzo de 1818 juraron erigir un Santuario a la Patrona en el lugar mismo en que se obtuviera definitivamente la victoria e independencia de Chile. Esta promesa se materializó con el triunfo de la batalla de Maipo, donde don Bernardo O´Higgins, con sus propias manos, puso la primera piedra, del inicial templo votivo de Maipú.
La devoción a la Virgen del Carmen, se heredó en la historia de nuestras Fuerzas Armadas. Durante la Guerra de Pacífico, se menciona con frecuencia que oficiales y soldados, se encomiendan a Ella, antes de entrar en combate. No solo marinos y soldados la invocaron, también los capellanes en su nombre, los asistían espiritualmente, motivándolos y alentándolos. El Capellán Camilo Ortúzar Montt, dotó del escapulario a toda la tripulación de la Esmeralda. Entre los efectos personales, del Capitán Arturo Prat, que envió caballerosamente a su viuda el Almirante Grau, estaba el escapulario que llevaba en su pecho el héroe. Esta devoción castrense chilena traspasó fronteras, cuando Monseñor Ramón Ángel Jara, plasmó el proyecto de levantar en el Monte Carmelo, un monumento de gratitud a la Virgen. Y con el bronce de cañones del Ejército chileno, hizo fundir una imagen de la Carmelita, la que -colocada en un pedestal de granito- permanece hasta hoy a la vista de los peregrinos que llegan a rezar al monte santo.