Por Luis Sagüés Garay
Mas de 60 años de experiencia comunista, dolorosamente vividos tiene la Cuba fidelista. Un país que fue uno de los tres más ricos de América latina en los años 50 del siglo pasado. Hoy un despojo de miseria y atraso en todo orden de cosas.
Las juventudes de los años 50 apoyamos al movimiento liderado por Fidel Castro, que ofrecía un cambio total con la liberación del pueblo cubano, de la miseria, e injusticias dentro de un país que tenía todas las condiciones para esperar -con una política eficiente- terminar con la pobreza que afectaba a sectores vulnerables de la población. Motivados por la fe y el optimismo propio de la juventud, y con un profundo sentimiento social, los muchachos desfilaron apoyando esta promesa casi mesiánica, que ofrecía el movimiento castrista.
Existía en aquel tiempo, conocimiento parcial al menos, de lo ocurrido en la URSS, donde una revolución con parecidas intenciones iniciales, permitía que sectores muy marginales con esta promesa socialista, pudieran disputar con los EEUU de norte América, una carrera espacial, que significaba ingentes recursos económicos. Era un sueño hecho realidad. Un país pobre y marginal, con este moderno sistema, podía darse el lujo de disputarle al imperio más grande del planeta en los años 1940, su supremacía económica política y social, aplicando el modelo que exhibía la URSS. Este panorama que se advertía a través de la incipiente televisión en Chile, movilizaba a grandes sectores de la ciudadanía, que veían una pronta, respuesta a la pobreza de nuestros países sudamericanos. El ejemplo ofrecido era muy cautivante.
Hoy la realdad y los porfiados hechos, indica otra realidad absolutamente distinta de lo que publicitaba el comunismo internacional. Cuba el principal país productor de azúcar del mundo, ha dejado de ser el importante proveedor y se ha convertido en un importador de este producto, para satisfacer muy limitadamente, las necesidades de los cubanos, No hay libertad, igualdad ni fraternidad. Sus habitantes luchan diariamente por subsistir, para satisfacer las necesidades más básicas. Muchos de ellos arriesgan sus vidas y las sacrifican, para salir clandestinamente de este paraíso comunista. Toda la información que sale subrepticiamente, porque no es permitido hacerlo de otra manera, muestra un empobrecimiento dramático, incomparable con cualquier país moderno. En La Habana la capital más hermosa, otrora del caribe, hay grandes sectores que han perdido el agua potable y un eficiente alcantarillado, y sus habitantes tienen que sufrir diariamente, racionamiento de energía eléctrica. Los basurales públicos son panorama diario. Y por todos sabido, tiene un sistema represivo policial, que conculca los derechos humanos más fundamentales.
Hoy nuestro suelo después de 40 años de desarrollo, con un modelo de libre emprendimiento exitoso, por todos reconocido, en todo orden de índices de bienestar, se ve enfrentado a elegir una candidata que exhibe en su currículo, una entrañable admiración por el fracasado modelo comunista, impuesto a sangre y fuego por la revolución cubana de los castro y seguidores.
Ya estuvimos en los años 70 del siglo anterior, a las puertas de caer en un régimen de dictadura del proletariado como la cubana. Con el terrorífico costo de un millón de vidas -con el gobierno marxista integral- de Salvador Allende. La candidata comunista Jeannette Jara –ferviente admiradora de este ex presidente chileno– se ofrece voluntariamente a volver a intentar, este tan y conocido fracaso comunista.
Y ante todo lo expuesto, la guinda de la torta: el Partido Demócrata Cristiano Chileno, manifiesta su apoyo a la candidata Comunista Jeannette Jara. Es inconcebible para cualquier persona normal que, un partido que ha sufrido en carne propia los ataques del partido comunista, pueda siquiera mencionar su apoyo a tan contradictoria candidatura. En la historia más reciente, cuando este partido inspirado en la doctrina cristiana y democrática fue gobierno, recibió del marxismo una cruel oposición. Es oportuno señalar que el gran éxito popular que tuvo la DC, fue ofrecer una alternativa importante al comunismo mundial. Por esto, al asumir don Eduardo Frei Montalva la primera magistratura, con un amplio apoyo popular, recibió de la izquierda chilena, la declaración de negarle "la sal y el agua”.
Y fue lo que hizo durante este periodo. Duro ataque comunista tuvo ese gobierno, cuando el partido comunista apoyando las tomas de Pampa Irigoin, en Puerto Montt, criticó duramente la actitud de este gobierno, al reprimir con energía y en uso de sus atribuciones legales esta ilegal ocupación. Posteriormente este acto, costó la vida del ministro del interior de la DC, don Edmundo Pérez Zújovic, quien fue asesinado por un comando terrorista marxista.
Toda la experiencia anterior de este partido hoy en extinción, hacía pensar que jamás volvería a tropezar con lo mismo. La realidad histórica demostró lo contrario, cuando en el parlamento -pudiendo no hacerlo constitucionalmente– apoyó la escasa mayoría que obtuvo Allende, y lo ungió presidente de Chile. A los pocos días de este suceso político, el candidato del comunismo ante una multitudinaria entrevista de prensa televisiva, declaró al periodista francés, Régis de Debray, que el acta exigida por la DC, y firmada por él, de respetar la Constitución, había sido un mero trámite necesario, para obtener la primera magistratura. La historia de errores no forzados, a que condujo este nefasto gobierno, la conocemos todos.
Ahora la DC, olvidando el pasado y traicionando sus principios, se obstina en volver a cometer otro inmenso disparate.
Doloroso pero necesario reconocer, porque los comunistas se refieren a los DC como ”tontos útiles”. Espero que la divina providencia y el criterio moderado y prudente de nuestro pueblo, no permita tropezar por enésima vez con tan nefasta piedra.
Fotografía: Memoriachilena.cl