Por Luis Sagüés Garay

Difícil comienzo del actual gobierno, enfrentado a una oposición de extrema izquierda, cuyo único fin es recuperar el control del país, a pesar que su gobierno fue un fracaso en casi todo orden de cosas. ¿Cuál es la estrategia de ellos? la misma de siempre, obstaculizar todas las iniciativas que pueden ser favorables al bien común. Porque si esta administración satisface las necesidades más apremiantes de las personas, se desvanece cualquier oferta que puedan entregar los opositores. Lo novedoso de esto es que el candidato visible de los octubristas es el mismo que quería sepultar el modelo neoliberal de libre mercado. La fórmula que dio a Chile los años más virtuosos de su historia. Este gobierno de José Antonio Kast, está aplicando un modelo parecido al del éxito histórico. Lo que ofrece Boric es, volver a intentar sepultarlo. Con el precio de lo que actualmente estamos pagando: cesantía, paralización económica, miseria, delincuencia y todos los males conocidos.


Hay que destacar que las condiciones en que recibe el gobierno José Antoni Kast, han sido calificadas como las peores, por todos los expertos. Un país paralizado económicamente, una construcción estancada. Una delincuencia desatada y fortalecida con el desprecio de esta, por los organismos de seguridad como Carabineros, que diariamente ve engrosar sus filas de mártires. La oposición se opone sistemáticamente a las reformas que impulsa el gobierno, para dar a las policías mayores atribuciones para reprimir el delito. Un endeudamiento externo sin precedentes. Sin inversión, sin crecimiento. Interminables listas de espera en los servicios públicos de salud. Destrucción de los colegios emblemáticos, palanca de oportunidades para la gran clase media y proletaria. Una cesantía, deprimente, la caja fiscal prácticamente desmantelada. Un presupuesto aprobado para el primer año del nuevo gobierno, que basa sus gastos en dineros inexistentes, o maliciosamente inflados por ingresos que se ha sabido no es posible obtener.


Ante este escenario la oposición, que acaba de dejar el gobierno con Boric, exige inmediato termino a la cesantía, que el país recupere su crecimiento, que el precio del combustible no se altere, producto de una situación internacional imposible de manejar por los nuevos gobernantes, y presionando para que incremente fuertemente el gasto en programas sociales. Que por cierto son útiles y necesarios, pero que es imposible satisfacer, con la desastrosa realidad financiera en que se ha recibido la nación.


En esta realidad la oposición ha iniciado una campaña de desinformación, que pretende hacer creer a los ciudadanos, que la solución de todos los problemas heredados de la mala administración anterior- esta nueva- debe mágicamente resolverlos casi inmediatamente.


Añadiendo además la vuelta de las protestas callejeras -curiosamente suspendidas en su gobierno- que dan la sensación de un malestar generalizado, o una fuerte decepción entre los chilenos. En la primera marcha callejera, solo 6 meses después del asumo, con una muy acotada concurrencia, se ha provocado los mismos desmanes y destrozos que ocurrieron en octubre de 2019, organizados e impulsados por los mismos que hoy quieren evitar que Chile vuelva a ser el país en evidente desarrollo que el mundo entero aclamaba.


Este nuevo gobierno tiene que saber controlarlo, uno de los aspectos más importantes para iniciar una nueva construcción de Chile, es dar a todos y muy especialmente a los inversionistas la tranquilidad necesaria para con sus capitales, recuperar el crecimiento, que da trabajo y bienestar. Pero esto solo se logra en un país donde impera el estado de derecho.


Hay que reconocer que en algunas partes del territorio se está logrando la recuperación y la calma. Como es el caso de sectores de la macrozona sur.
Queda mucho por hacer, pero para ello necesitamos dar a los incumbentes el tiempo prudente y necesario.