Por Luis Sagüés Garay
El primer problema que tiene el presidente Trump con Irán es que es un país acéfalo. Una vez destruidos los ayatolas, cabeza del gobierno Iraní, este país ha quedado en una anarquía total. El drama de Irán es que la inmensa mayoría de sus habitantes no son musulmanes chiitas y no reconocen la tiranía genocida y fanática de los ayatolas.
Ahora descabezado el gobierno de los ayatolas, los únicos con que se podría dialogar es con los militares que comandan las fuerzas revolucionarias islámicas. Absolutamente incondicionales de los ayatolas. Pero estas tampoco tienen un único líder que las aglutine e integre. Y es posible que cada regimiento de estos milicianos, obedezca a su propio comandante. Que a su vez desconoce la representación de los otros. Aquí no hay un interlocutor válido. Es imposible para el gobernante norteamericano entenderse con cada líder militar que manda estas fuerzas.
El primer objetivo de Trump es asegurar que ninguno de estos fanáticos religiosos chiitas musulmanes, pueda disponer de una bomba atómica. En ese momento solo cabría para el planeta hacer desaparecer completamente a Irán. Porque el peligro mundial sería inminente. Este peligro solo se resuelve si los fanáticos terroristas chiitas entregan los 450 Kg. de uranio enriquecido al 80%, que tienen muy bien custodiados. Y con los cuales pueden continuar su enriquecimiento y fabricar un arma mortal, de inconmensurable poder destructivo. Hasta que USA no tenga este material enriquecido es tremendamente peligroso, terminar el conflicto.
Los países europeos que no han querido apoyar al presidente norteamericano, creen que esta guerra a ellos no los afectará. Craso error, al igual que en la segunda guerra mundial Inglaterra quería dialogar con Hitler. El primer ministro ingles Neville Chamberlan hizo lo posible para evitar un conflicto, e incluso firmó acuerdos con el Führer. Todo inútil, el fanático líder Nazi, quería la sumisión del mundo entero y mientras eso no lo consiguiera los diálogos y acuerdos era solo para él, dilaciones para cumplir su sueño paranoico.
Aquí con los ayatolas y militares de las fuerzas revolucionarias chiitas no hay posible entendimiento. Ellos son fanáticos y esta enfermedad se resuelve solo derrotándolos totalmente. Para los musulmanes chiitas, los que no profesan su religión son infieles que hay que eliminar. Esa es su finalidad última. Y si mueren en este empeño, Alá los recompensará con el paraíso eterno. El petróleo o el bienestar material de los habitantes de Irán no es, ocupación de estos fanáticos.
Duro desafío del presidente Trump, que tiene dentro de su propio país, una fuerza opositora que crece a medida que se extiende el conflicto. Los Demócratas de EE. UU, cuyo fin parece ser solo recuperar el poder, no sopesan el riesgo que los ayatolas Iranís puedan finalmente obtener la bomba atómica. Porque estos fanáticos chiitas. Después de eliminar a Israel seguirán con la Gran Democracia del norte. Que simboliza para ellos, la mayor amenaza a su religión. Razón de su existencia.