Por Luis Sagüés Garay
El combate naval de Iquique es uno de los episodios más brillantes de la historia naval del mundo. Fue comentado y difundido por muchos testigos vinculados con la actividad marinera. Y esta epopeya forma parte de los mayores fastos admirados por el mundo naval. El Times de Londres dijo: “Este es uno de los combates más gloriosos que jamás haya tenido lugar. Un viejo buque de madera, casi cayéndose a pedazos, sostuvo la acción duran tres horas y media, contra una batería de tierra y un poderoso acorazado, y concluyó con su bandera al tope”. Toda la tierra supo de la hidalguía de los combatientes.
Una frágil y antigua nave de madera, se enfrenta a un poderoso y moderno blindado, dotado además con un intimidante espolón de acero. Relata la espectacular hazaña, un espectador de tierra: El capitán de una vetusta corbeta de madera, que invitando a sus compañeros a la suicida maniobra, aborda al monitor peruano Huáscar, -un blindado de primera generación para aquel tiempo-, y lo sorprende con su gallarda figura -en que los faldones de su levita de oficial, al saltar sobre la borda enemiga, se recortan en el horizonte inmenso del océano-.
¡Al abordaje muchachos! es el grito de guerra, que lanza en esta temeraria empresa. El monitor peruano sorprendido por este inaudito acto de valentía, hecha raudo sus motores a reversa bramando, ante la posible embestida de una tripulación enemiga, que puede poner en riesgo el éxito del desigual combate. El estruendo del empellón y el rugido de los cañones usados a toca penoles, silenciaron el grito de Prat, y como gran parte de la tripulación de la Esmeralda, no escuchó su convocatoria. Pero lo siguieron el Sargento 2° Juan de Dios Aldea Fonseca: Su fiel subalterno de la Artillería de Marina, que cayó gravemente herido en la cubierta enemiga, al lado del marinero, Arsenio Canave (también identificado en bitácoras como Antonio Canove o Luis Ugarte, según diversas investigaciones de la Armada de Chile, quién fue el tercer tripulante que logró abordar en este primer impacto. Al segundo espolonazo tras la muerte de Prat. Al mando de la Esmeralda quedó el teniente 1° Ignacio Serrano Montaner. Quién al producirse el segundo impacto de espolón, replicó la hazaña Prat, liderando a un grupo de 11 marineros que saltan hacia el monitor. Entre ellos se identifican históricamente el Marinero 1° Benjamín Reyes, Marinero 1° Santiago Romero, Marinero 1° Agustín Oyarzun, Marinero 2° Luis Ugarte, Marinero 2° Agustín Coloma, Fogonero 2° Francisco Ugarte, Capitán de altos José M. Rodríguez, Timonel Elías Aránguiz, Timonel José Domingo Díaz, Grumete Santiago Salinas, Grumete Luciano Bolados. Minutos antes del hundimiento definitivo de la corbeta chilena, se registró un tercer y último abordaje, casi desconocido, donde dos marineros adicionales saltaron al Huáscar. Mientras el corneta tocaba a degüello hasta que la bandera al tope del mástil de mesana, se hundiera en las aguas de la rada. De esta última pareja fue el timonel Eduardo Cornelius, quien logró sobrevivir a la guerra y relatar el suceso.
El gesto inmarcesible del comandante Arturo Prat Chacón, inflamó al pueblo chileno, hasta ahora casi indiferente. Y llenó los cuarteles de voluntarios que dejando trabajo familias y otras responsabilidades se alistó sin instrucción militar, marchando al norte, emulando al héroe de Iquique.
Anida aun en el alma del conscripto chileno, que jura anualmente ante su bandera “dar la vida si fuese necesario”, esta impronta forjada a fuego, por el ejemplo de Prat. Es la que, para historiadores como Francisco Encina, han hecho exclamar, que el resto de la guerra del Pacífico, solo fue una carnicería inútil. Porque en este combate se selló el triunfo chileno de esta dolorosa contienda.