- La Comunidad de la Iglesia de San Andrés, miembros de la Corporación Desafío Humanidad y la Fundación Elisabeth Kübler-Ross Chile unieron esfuerzos para responder a necesidades de abrigo y bienestar de los residentes del Hogar Años Dorados, demostrando que la compasión cobra vida cuando el sufrimiento de nuestros vecinos nos mueve a construir respuestas concretas de cuidado y acompañamiento.
La compasión comienza cuando somos capaces de reconocer el sufrimiento de otro ser humano como algo que nos concierne. Sin embargo, alcanza su máxima expresión cuando ese sentir nos impulsa a actuar para aliviarlo.
Eso fue precisamente lo que ocurrió esta semana en el Hogar Años Dorados de Cuyuncaví Alto, donde la Comunidad de la Iglesia de San Andrés, miembros de la Corporación Desafío Humanidad y la Fundación Elisabeth Kübler-Ross Chile unieron esfuerzos para responder a necesidades concretas de sus residentes frente a la llegada del invierno.
La iniciativa surgió a partir de los vínculos de amistad y acompañamiento que se han ido construyendo con las personas mayores que viven en el hogar. Gracias a las visitas semanales que realizan las Vecinas Voluntarias de la iniciativa "Curacaví, Comunidad que Cuida y Acompaña con Compasión", impulsada por la Fundación Elisabeth Kübler-Ross Chile, fue posible conocer de cerca la realidad de los residentes y detectar necesidades concretas de abrigo y bienestar para enfrentar los meses de invierno.
Fue precisamente este acompañamiento constante el que permitió identificar la forma más efectiva de apoyar a los residentes del Hogar Años Dorados. A partir de ello, la Comunidad de la Iglesia de San Andrés, miembros de la Corporación Desafío Humanidad y la Fundación Elisabeth Kübler-Ross Chile decidieron movilizarse y unir esfuerzos para transformar la preocupación en acciones concretas de cuidado.
Gracias a este trabajo colaborativo fue posible reunir y entregar frazadas, ropa de invierno, estufas, colchones antiescaras con motor y diversos elementos destinados a mejorar el bienestar y la calidad de vida de los residentes del hogar.
Sin embargo, quienes participaron de la jornada coinciden en que el regalo más importante no fueron los apoyos materiales, sino el encuentro humano. La tarde estuvo acompañada de un delicioso chocolate caliente, sándwiches preparados por manos generosas y pan amasado donado por la Amasandería Ángel de Curacaví, ubicada en calle Antequiles, cuyos aportes ayudaron a crear un ambiente cálido y acogedor para todos los presentes.
La música también tuvo un lugar especial gracias a la generosa participación de don Samuel Valenzuela, querido cantante de Curacaví, quien hizo cantar a residentes, voluntarios y visitantes interpretando aquellas canciones que los propios adultos mayores fueron solicitando durante la jornada. Canción tras canción, recuerdos, sonrisas y emociones fueron llenando el espacio, transformando la actividad en una verdadera celebración de la vida, la memoria y la comunidad.
Participaron de esta actividad las voluntarias Desiree Adamez, Andrea Lagarini, Valentina Bravo y Loreto Fernández Ruiz-Tagle. En representación de la Fundación Elisabeth Kübler-Ross Chile asistieron Eva Velandia Aranguren y Nibaldo Guerra. También participaron Isabel Pizarro y Patricio Browne y Susan Macdonal, quienes colaboraron activamente en representación de la Comunidad de la Iglesia de San Andrés y de la Corporación Desafío Humanidad.
La actividad es una muestra concreta de cómo distintas organizaciones, comunidades de fe y ciudadanos pueden trabajar juntos para cuidar a quienes más lo necesitan. Cuando la colaboración reemplaza la indiferencia, surgen respuestas capaces de transformar realidades y fortalecer los lazos que sostienen la vida comunitaria.
Fruto de este encuentro de voluntades y del vínculo que comienza a fortalecerse con los residentes del Hogar Años Dorados, las organizaciones participantes han manifestado su interés en explorar nuevas formas de colaboración que contribuyan al bienestar de las personas mayores que allí viven.
Entre las iniciativas que comenzarán a evaluarse se encuentra la posibilidad de organizar operativos gratuitos de salud y bienestar, coordinados con el Hospital de Curacaví y otros actores comunitarios, con el propósito de complementar las atenciones que actualmente reciben los residentes y acercar nuevos apoyos a quienes más lo necesitan.
Finalmente, las organizaciones participantes desean expresar un especial agradecimiento al equipo de atención del Hogar Años Dorados, quienes abrieron generosamente sus puertas para hacer posible esta actividad, acogiendo cada gesto de cariño y comprometiéndose a dar el mejor uso a las ayudas recibidas. Gracias a su disposición, hoy se abre además la posibilidad de seguir fortaleciendo este vínculo para que la comunidad continúe presente, llevando compañía, escucha, cuidado y nuevas oportunidades de apoyo a quienes viven en el hogar.
Las organizaciones participantes agradecen profundamente a todas las personas que realizaron aportes, colaboraron con la campaña o dedicaron tiempo a esta iniciativa. Gracias a cada gesto de generosidad fue posible llevar abrigo, compañía y esperanza a los residentes del Hogar Años Dorados.
Porque la compasión no es únicamente sentir. La compasión es sentir y hacer. Es reconocer una necesidad y responder. Es transformar el cuidado en acciones concretas que protejan la dignidad y el bienestar de quienes más lo necesitan.
Y porque una comunidad compasiva se construye precisamente así: cuando distintas personas y organizaciones deciden caminar juntas para que nadie enfrente la fragilidad, la enfermedad, la soledad o la vejez en abandono.