Más de 60 voluntarios del Centro de Estudios Francisco Bilbao liberaron 800 árboles y construyeron obras de conservación en una jornada que consolida al sector como aula abierta de educación ambiental.
Curacaví, 29 de abril de 2026
La fuerza no para. Por cuarto año consecutivo, Parque San Mateo se transformó en un aula a cielo abierto donde la pala, la piedra y la comunidad se unieron para cambiar el territorio. Más de 60 voluntarios y voluntarias del Centro de Estudios Francisco Bilbao de Curacaví llegaron este fin de semana con la misma energía del primer día para ejecutar una nueva jornada de trabajo que va mucho más allá del voluntariado tradicional.
Una jornada, tres frentes de acción
El trabajo se concentró en tres objetivos concretos. Primero, se construyeron dos pircas de contención con técnica de piedra seca. La primera se levantó en ladera, diseñada específicamente para manejo de agua lluvia y control de erosión en una zona degradada por las pendientes. La segunda se ubicó en el acceso principal del parque, obra clave para consolidar la entrada y ordenar el tránsito de visitantes.
Segundo, las cuadrillas limpiaron dos bosques completos. El verano dejó una capa de pasto seco de hasta 1,5 metros de altura, material altamente combustible que ponía en riesgo toda la zona ante incendios. El retiro de esta biomasa es prevención directa y manejo forestal aplicado.
Tercero, se liberaron más de 800 árboles nativos. Esto significó retirar uno a uno los protectores plásticos que los resguardaron durante sus primeros años. Hoy, con troncos firmes y copas desarrolladas, esos árboles ya no necesitan tutela y pueden crecer con fuerza para formar el futuro bosque esclerófilo.
Esto no es solo voluntariado: es restauración ecológica en terreno
Aquí está el corazón de lo que ocurre en Parque San Mateo. Lo que se vivió el fin de semana trasciende la lógica de una limpieza o una jornada de ayuda. Se trata de restauración ecológica activa, planificada y ejecutada por la propia comunidad.
La restauración ecológica busca recuperar ecosistemas dañados. Las pircas no son solo muros de piedra: son infraestructura verde que frena la escorrentía, permite que el agua se infiltre y evita que el suelo fértil termine en la quebrada. Liberar 800 árboles es acelerar en décadas la regeneración natural de un bosque que fue talado. Limpiar el pasto seco es gestionar el paisaje para hacerlo resiliente al cambio climático.
Cada voluntario que puso una piedra o retiró un protector estaba aplicando una técnica de conservación. No vinieron a “ayudar”: vinieron a reconstruir un ecosistema.
El aula más grande de Curacaví: educación ambiental con las manos en la tierra
El segundo pilar es la educación ambiental en terreno, y es lo que diferencia a Parque San Mateo. Los textos y las salas de clases son necesarios, pero aquí el aprendizaje ocurre con la pala en la mano.
Los jóvenes del Centro de Estudios Francisco Bilbao no recibieron una charla sobre erosión: construyeron la obra que la detiene. No leyeron sobre riesgo de incendios: sacaron con sus brazos el combustible que lo provoca. No vieron fotos de un árbol nativo: liberaron 800 y entendieron sus ciclos, sus necesidades y su rol en la cuenca.
Este es el modelo que buscamos multiplicar. Que los colegios vengan, que las organizaciones participen, porque es en terreno donde se entiende la urgencia y donde se forman los guardianes del territorio. El conocimiento que se fija es el que se vive. Un estudiante que hoy levanta una pirca, mañana defiende su quebrada. Esa es la educación ambiental que impartimos acá: práctica, concreta y transformadora.
Comunidad organizada cambiando su territorio
El tercer eje es la comunidad organizada. Cuatro años de trabajo continuo no son casualidad. Son la prueba de que cuando un barrio se organiza, el territorio cambia. Parque San Mateo pasó de ser un sitio eriazo y degradado a un ecobarrio en construcción, metro a metro, árbol a árbol.
El Centro de Estudios Francisco Bilbao ha sostenido este compromiso sin pausas. Cuatro años significan planificación, constancia y confianza. Significan que los jóvenes no son el futuro: son el presente activo de Curacaví. Cuando los jóvenes se mueven, el barrio revive. Y revive con agua que se infiltra, con árboles que dan sombra y con vecinos que se reconocen en un proyecto común.
Esta es gestión territorial desde abajo. No esperamos que otros vengan a solucionar: nos organizamos y lo hacemos. Esa es la fuerza que no para.
Una invitación abierta al territorio
La experiencia de Parque San Mateo es replicable y está abierta. El llamado es directo a colegios, organizaciones sociales y empresas de Curacaví y la región: este es un laboratorio vivo para aprender, para medir impacto y para dejar huella real.
Recibimos delegaciones para jornadas de voluntariado formativo. No es turismo ecológico. Es trabajo, es sudor y es aprendizaje. Es entender que la crisis climática se enfrenta con comunidad y con técnica. Cada grupo que viene se lleva herramientas para replicar en su propio barrio.
En conversación con el presidente y fundador de la Corporación Ecológica San Mateo, Héctor Hernández, agradeció al Centro de Estudios Francisco Bilbao: “Gracias por estos cuatro años de compromiso real. Ustedes demostraron que la restauración ecológica no es un discurso, es una práctica. Que la educación ambiental no es un folleto, es una experiencia. Y que el territorio se cambia organizado, con las manos y en comunidad”.
Quienes quieran que su colegio, organización o empresa viva esta experiencia, pueden contactar a Parque San Mateo por mensaje directo.