El viernes pasado el Parque San Mateo congregó a más de treinta personas para el cierre del proyecto “Nos iluminamos en el parque San Mateo”, financiado por el Gobierno Metropolitano a través del Fondo Comunidad Activa 2025 —concurso participativo regional— con una adjudicación aproximada de quince millones de pesos. La ceremonia contó con la presencia de las consejeras regionales de Melipilla Cristina Soto y Javier Ramírez; por la Municipalidad, el alcalde subrogante Dionisio Castro, los concejales Belén Silva, Guillermo Salas y Francisco Arce, y representantes de Carabineros de Chile. Asistieron también vecinos organizados de las juntas de Villa El Sol, Villa San Francisco, Villa Rallen y Villa Los Conquistadores, además de ex‑miembros y padrinos de la Corporación Parque San Mateo. El Gobierno Metropolitano acompañó el corte de cinta que oficializó la entrega.
Uno de los momentos más simbólicos fue la intervención de Héctor Hernández, presidente y cofundador de la Corporación Ecológica San Mateo, quien agradeció al Gobierno Metropolitano y reconoció el voluntariado sostenido desde 2018, trabajo que transformó el terreno —antes un basural— en un lugar de encuentro familiar y bienestar. En la misma alocución anunció que Grumfus, empresa que en 2025 financió más de treinta millones de pesos para el riego automatizado de más de siete mil plantas nativas, proyecta este año una inversión —algo menor— para la creación de un pozo que dotará de agua propia a la Corporación. Allí mismo Hernández solicitó al municipio y a los concejales el apoyo para otorgar los permisos que permitan ejecutar la obra, gestión que llenaría de alegría al equipo voluntario. Las autoridades presentes celebraron con aplausos la noticia que fortalece la autonomía del parque.
El lugar permaneció abandonado hasta 2018. Ese febrero, el cerro de la Villa El Sol se quemó por la acumulación de basura; vecinas del sector impulsaron una limpieza que retiró casi cuarenta toneladas de desechos y marcó el nacimiento de la Corporación. A partir de esa acción comenzó la reforestación con árboles nativos, hoy más de cincuenta especies distintas, muchas endémicas. El voluntariado sumó zanjas de infiltración, obras de conservación de agua y suelo, una pista de saltos en bicicleta y miles de horas de trabajo en que familias completas han cedido tiempo para que otras personas puedan integrarse al voluntariado. Desde 2018 hasta hoy han pasado decenas de voluntarios; entre quienes han guiado el proceso destacan la entrega constante de sus directivas y equipos técnicos, combinando resiliencia comunitaria con cuidados botánicos y gestión ambiental para hacer del parque un espacio cada vez más hermoso, seguro y educativo.
Desde entonces dejó de ser foco de temor e incidentes y comenzó a ganar proyectos comunitarios; el más reciente y visible es la iluminación. Los vecinos manifestaron que no esperaban adjudicar el fondo; hoy expresan alegría porque la luz brinda seguridad efectiva. “Jamás volverá a estar a oscuras” fue la frase reiterada. La intervención ilumina los senderos actuales y anticipa los senderos universales previstos para 2026.
Se instalaron 39 focos solares de 600 W y 5 m de altura (22 norte, 15 sur). Cada luminaria off‑grid con panel monocristalino ( 21 %), batería Li‑FePO controlador crepuscular y óptica full cutoff. Autonomía >8 h. Certificadas para ambientes naturales y biodiversos —control espectral que reduce atracción de insectos—, reforzando sustentabilidad: menos CO2, mantenimiento mínimo, resiliencia y protección de la fauna.
Más que una obra de iluminación, el proyecto simboliza organización vecinal y respaldo institucional, consolidando a Parque San Mateo entre los lugares favoritos de cientos de personas en Curacaví que disfrutan del medio ambiente y de su rica biodiversidad en aumento. Con la cinta cortada y las luminarias encendidas, el parque inicia una nueva etapa como espacio de encuentro y vida barrial, con la certeza de que esta luz —sustentable y permanente— acompañará cada sendero.