La comuna de Curacaví despide a uno de sus antiguos colaboradores en el servicio público. Francisco Javier Carrasco González, conocido cariñosamente por muchos como "Panchito", ha partido, dejando tras de sí una historia de esfuerzo, convicciones sociales y un profundo amor por su tierra y dejando también a una hermosa familia unida entre sí y compuesta por; sus dos hijos, su pareja, sus 11 hermanos y sus 29 sobrinos, que lo acompañaron durante su vida y hasta el final de ella.
Un obrero de la vida y la justicia social
Francisco no solo fue una figura política; fue, ante todo, un hombre de esfuerzo. Trabajador de la construcción, conoció de cerca la dureza del oficio y el valor de ganarse el pan con esfuerzo. Esa identidad de obrero marcó su paso por el Concejo Municipal, cargo que asumió años atrás tras el fallecimiento de la recordada concejala María Recabarren.
Quienes compartieron con él en el municipio lo describen como un estudioso de la vida y del sistema. Aunque su paso por la vida pública fue breve, fue sumamente intenso. Se destacó por ser un hombre de principios firmes, siempre dispuesto a alzar la voz por aquellos vecinos que no tenían representación, buscando incansablemente mejorar la calidad de vida en los barrios de Curacaví.
El valor de la cercanía y el respeto humano
A pesar de las diferencias ideológicas que suelen marcar la política, Francisco Carrasco supo construir puentes desde la humanidad. Marco Antonio Guzmán, ex concejal y compañero de labores en aquella época, lo recuerda como un hombre que, con el tiempo, comprendió que el verdadero progreso de la comuna se logra en conjunto. "Francisco era un hombre afable, que disfrutaba compartir en la capilla de Cerrillos y participar en las pastorales. Le gustaba tocar la guitarra y siempre mantuvo la cortesía", relata Guzmán, destacando que, por encima de cualquier bandera política, a ambos los unía una sola: la bandera de Curacaví.
Uno de los rasgos más nobles de sus últimos años fue su capacidad de abrirse a nuevas perspectivas y mantener su palabra de hombre, siempre priorizando el cariño y el respeto por sus pares sobre las estructuras partidistas.
Un espíritu que permanece en Cerrillos y San Joaquín
Panchito fue un hombre sencillo, de raíces humildes, que heredó la nobleza de su madre. Aunque enfrentó la soledad y, más tarde, una enfermedad que lo alejó de sus labores públicas, su espíritu de dirigente social nunca se apagó. Su vida es un ejemplo inspirador de cómo la pasión por servir a los demás puede marcar una diferencia real en la comunidad.
Su legado nos recuerda hoy la importancia de defender lo que es justo y de entregarse a los demás con compromiso. Francisco "Panchito" Carrasco González seguirá siendo recordado como un hombre que vivió para servir.