Carolina Vera Jure, conocida por todos como "La Turca", ha transformado su negocio familiar en un faro de ayuda comunitaria. Entre grupos de WhatsApp y Facebook con miles de seguidores y una historia de resiliencia personal, esta vecina se ha convertido en una figura indispensable para la comuna.

Por Buenos Días Curacaví

 

En las calles de Curacaví, el nombre de Carolina Andrea Vera Jure resuena con un cariño especial. Sin embargo, si alguien pregunta por Carolina, quizás pocos la ubiquen de inmediato; para todos, ella es, sencillamente, "La Turca". Un apodo que carga con orgullo y que rinde homenaje a su madre, de ascendencia turca, quien falleció en 2018 dejando tras de sí un vacío que Carolina decidió llenar con trabajo, identidad y, sobre todo, mucha humanidad.

Un negocio con historia y sentido

El local familiar, que lleva más de 25 años en el mismo lugar, fue rebautizado por Carolina como "La Turca Jure". Aunque ha recibido ofertas para trasladarse, su respuesta es un "no" rotundo. "No podría, quiero seguir el legado de mi mamá, no quiero salir de ahí", confiesa con firmeza.
Pero su labor trasciende el mostrador. Carolina ha sabido adaptar la tradición a los nuevos tiempos, convirtiéndose en una pieza clave de la comunicación local.

La red que sostiene a la comuna

Lo que comenzó como una herramienta práctica hoy es una comunidad masiva. Carolina administra un grupo de Facebook con cerca de 30,000 miembros y un grupo de WhatsApp que ya roza los mil seguidores. Estos espacios no son simples foros de venta; son una red de seguridad.

-"Veía que había mucha gente que vendía... la falta de trabajo aquí en Curacaví es harta, por eso traté de ayudar de esa forma"-, explica Carolina.

Con un sentido de responsabilidad envidiable, ella misma filtra cada solicitud para evitar estafas, prohibiendo los perfiles anónimos para dar seriedad y seguridad a sus vecinos. A través de estas pantallas, Carolina pulsa el día a día de la comuna, detectando quién necesita una mano y quién tiene algo para ofrecer.

Solidaridad en silencio

Durante los momentos más duros del Estallido Social y la Pandemia, "La Turca" no se quedó de brazos cruzados. Mientras muchos estaban encerrados y sin sustento, ella organizó la entrega de cajas de mercadería y pollos para Navidad. Lo hizo a su manera: en silencio.

"Iba calladita. Mi hija, que trabajaba en un colegio, me decía qué familia necesitaba y allá partíamos", recuerda. Para ella, el éxito no fue el reconocimiento, sino ver que su acción inspiró a otros: "Vi que ya salieron más personas a hacer lo mismo y ahí me alejé para dejar que los demás ayudaran".

Resiliencia y nuevas metas

Detrás de la mujer fuerte que ayuda a todos, hay una historia de superación personal. Carolina habla abiertamente de su pasado: malas experiencias sentimentales, una depresión grave que enfrentó en Casablanca y el camino espiritual que la llevó a convertirse en terapeuta reikista (Nivel 1 y 2).
Hoy, a sus múltiples facetas como manipuladora de alimentos e inspectora educacional, suma una nueva ambición: ser bombera, siguiendo los pasos de su hija.

El legado final

Al preguntarle qué espera del futuro, Carolina no habla de dinero ni de expansión comercial. Su mirada está puesta en lo humano:

* Ser recordada como una buena madre, abuela e hija.
* Dejar un legado de respeto por lo que entregó a los demás.
* Mantener la unión familiar y la fe en que "ahora sí le dio el palo al gato" en su vida personal.

"La Turca" sigue ahí, en su negocio de siempre, atendiendo a las tías del jardín, a los trabajadores municipales y a todo aquel que necesite una palabra de aliento o un espacio para emprender. Porque en Curacaví, Carolina Jure no solo vende productos; entrega esperanza.