Redacción Buenos Días Curacaví, fotografía referencial

Desde los ritos antiguos en los bosques del norte de Europa hasta convertirse en el centro de los hogares curacavinanos, la historia del pino decorado es un viaje de fe, cultura y leyenda.

Mientras las familias de nuestra comuna terminan de colocar las últimas esferas y guirnaldas en sus pinos, pocos se detienen a pensar que esa estructura verde —ya sea natural o sintética— carga sobre sus ramas más de mil años de historia. Lo que hoy vemos como un ícono de la unidad familiar y el festejo cristiano, nació de una mezcla fascinante entre tradiciones paganas y un audaz acto de fe.

De los dioses nórdicos a la fe cristiana

Mucho antes de que existiera la Navidad tal como la conocemos, los pueblos germanos en el norte de Europa celebraban el nacimiento de Frey, dios del sol y la fertilidad. Para marcar el solsticio de invierno, adornaban un árbol perenne (el Yggdrasil o Árbol del Universo), que simbolizaba la vida eterna en medio del frío extremo.

La leyenda cuenta que, en el siglo VIII, San Bonifacio, un evangelizador británico, llegó a lo que hoy es Alemania. Al ver que se realizaban sacrificios humanos bajo un roble dedicado al dios Thor, Bonifacio tomó un hacha y derribó el árbol. En su lugar, señaló un pequeño abeto (pino) de hojas perennes y forma triangular, explicando que su verdor eterno representaba el amor de Dios y su forma apuntaba directamente al cielo.

Manzanas y velas: Los primeros adornos

Con el paso de los siglos, la tradición evolucionó. En la Edad Media, los árboles se decoraban con manzanas rojas, que simbolizaban el pecado original y la tentación de Adán y Eva, y con velas, que representaban la luz de Jesucristo iluminando el mundo.

Fue en el siglo XIX cuando la tradición dio el salto definitivo a la cultura popular masiva. La Reina Victoria de Inglaterra y su esposo, el Príncipe Alberto (de origen alemán), fueron retratados en los periódicos de la época junto a un árbol de Navidad decorado en el Palacio de Buckingham. Esa imagen dio la vuelta al mundo, convirtiendo al pino en el símbolo indiscutido de la temporada.

El árbol en el corazón de Curacaví

Hoy, en nuestro valle, el árbol de Navidad ha cobrado una identidad propia. Ya sea en la Plaza de Armas o en el rincón más sencillo de una casa en Lo Prado o en Alhué, el árbol es el punto de encuentro donde se depositan los anhelos y se espera la medianoche del 24 de diciembre.

Con el tiempo, las manzanas se convirtieron en esferas de colores y las velas en luces LED, pero el significado de fondo permanece intacto: la esperanza de que, incluso en el invierno de la vida, siempre hay un verde que persiste y una luz que guía.

Dato Curioso: ¿Sabías que la estrella que corona el árbol representa la Estrella de Belén que guió a los Reyes Magos? Simboliza la fe que debe conducir la vida del creyente.