Por: Buenos Días Curacaví

Mientras el sol de diciembre madura nuestras uvas y el aire del valle se llena de ese ajetreo propio del fin de año, en Buenos Días Curacaví nos detenemos para hacernos una pregunta esencial: ¿Qué estamos celebrando realmente tras el brillo de las vitrinas y el ruido de nuestra comuna?

Para el mundo cristiano, y para la historia misma de la humanidad, la Navidad no es una "temporada", sino un evento que partió el tiempo en dos.

El Hecho Histórico: Dios se hace Hombre

Hace más de dos mil años, en un rincón periférico del Imperio Romano, ocurrió lo impensable. Históricamente, el nacimiento de Jesús en Belén no fue un evento de gala, sino un acto de profunda humildad. En un contexto de censo y opresión política, una pareja galilea no encontró lugar en la posada.
La Navidad es, en su origen, la historia de una fragilidad que transforma el mundo. El pesebre no fue una elección estética, fue la realidad de un Dios que decide nacer entre los más sencillos para decirnos que nadie está excluido de su amor.

La Luz que Ilumina Nuestras Familias

Desde la perspectiva de la fe, el sentido de estos días reside en la palabra Encarnación. Significa que Dios no se quedó en las alturas, sino que bajó a caminar por nuestros senderos, a conocer nuestro trabajo, nuestras penas y nuestras alegrías.

En nuestro Curacaví, donde la tradición y la fe caminan de la mano, la Navidad se vive en el encuentro:
• En la Misa del Gallo, donde el pueblo se une para agradecer.
• En la mesa compartida, donde el pan tiene un sabor a fraternidad.
• En la reconciliación, dejando atrás las asperezas del año para dar paso a la paz.
"Porque un niño nos es nacido, hijo nos es dado... y se llamará su nombre Admirable, Consejero, Dios Fuerte, Padre Eterno, Príncipe de Paz". (Isaías 9:6)


No podemos celebrar el nacimiento del Niño Dios si cerramos la puerta al hermano que sufre. El verdadero "viejito pascuero" de nuestra comuna es aquel vecino que comparte lo que tiene, el que visita al enfermo en el hospital o el que tiende una mano al adulto mayor que vive solo en los cerros de nuestro valle.
Navidad es volver a lo esencial. Es recordar que el mejor regalo no se compra con dinero, sino con tiempo, perdón y esperanza. Que, en cada hogar de Curacaví, desde el centro hasta los rincones más rurales, brille la luz de Belén.

 

¡Feliz y Santa Navidad para todos nuestros lectores!