Chile lidera la región en este fenómeno: uno de cada dos trabajadores afirma haber vivido o presenciado situaciones en que una publicación en redes sociales personales tuvo efectos negativos en el trabajo. El daño a la reputación, la pérdida de oportunidades y, en algunos casos, el despido aparecen entre las principales consecuencias.
Un comentario escrito sin pensar demasiado. Un video grabado durante el fin de semana. Una opinión política. Una frase escrita fuera de contexto. Una pelea con un compañero de trabajo que termina expuesta en redes. Según el reciente estudio Redes Sociales y Empleo de Laborum, el 50% de los trabajadores en Chile afirma haber experimentado o presenciado algún caso en que publicaciones realizadas en redes sociales personales tuvieron consecuencias negativas en el ámbito laboral. La cifra subió nueve puntos respecto de 2025, cuando alcanzaba el 41%, y posiciona a Chile como el país con mayor porcentaje de la región en este fenómeno.
Entre quienes han conocido este tipo de situaciones, el 71% señala que le ocurrió a alguien de su entorno laboral o personal, mientras que el 29% dice haberlo vivido directamente. Para Hernán Leal, empresario, escritor y fundador y presidente ejecutivo de FASTCO Group, el fenómeno refleja una realidad que muchas personas todavía no terminan de asumir: las redes sociales personales pueden terminar teniendo efectos muy concretos en la vida profesional.
Las consecuencias tampoco son menores. El 52% menciona daño a la reputación laboral, el 35% pérdida del empleo y el 32% pérdida de oportunidades de ascenso. Un 10% incluso afirma que la situación derivó en un cambio de rubro y un 5% en la pérdida de clientes o potenciales clientes.
“Durante mucho tiempo pensamos que había una separación bastante clara entre la vida privada y el trabajo. Hoy esa frontera es mucho más difusa. Lo que publicas desde tu teléfono un sábado puede verlo un compañero, un jefe, un proveedor, un cliente o terminar circulando entre miles de personas”, plantea Leal.
El estudio también muestra que los propios trabajadores son conscientes de ese riesgo. El 64% controla lo que publica en sus redes sociales por temor a que pueda tener consecuencias negativas en su carrera, la cifra más alta entre los países analizados.
Pero la situación abre una discusión que, según Leal, no es tan simple como recomendar a las personas que “piensen antes de publicar”. “Hay que preguntarse también hasta dónde llega la responsabilidad de una persona frente a lo que publica y hasta dónde puede llegar una empresa a cuestionar lo que alguien hace fuera de su horario laboral. No todo lo que ocurre en una cuenta personal debería transformarse automáticamente en un problema laboral”, sostiene.
El debate se vuelve aún más incómodo ante la entrada en vigencia, el 1 de diciembre de 2026, de la Ley 21.719. La normativa establece que incluso los datos obtenidos desde fuentes de acceso público deben tratarse bajo criterios de licitud, finalidad y proporcionalidad, y reconoce como sensibles la afiliación política y las convicciones ideológicas. Entonces, si una empresa revisa las redes sociales de un candidato y utiliza sus opiniones, fotografías o relaciones personales para descartar, la pregunta deja de ser solamente ética: ¿está evaluando sus competencias o construyendo, sin informarle un perfil sobre su vida privada? Porque publicar algo en internet no debería equivaler a entregarles a los empleadores carta blanca para transformarlo en un filtro laboral. En los negocios, la imagen no es un detalle: es parte del patrimonio de una persona y de una empresa. Clientes, socios e inversionistas no solo observan resultados, también evalúan confianza, coherencia y reputación. Una publicación impulsiva o malintencionada puede poner en duda años de credibilidad, plantea Hernán Leal.
Desde el lado de las empresas, el estudio de Laborum revela otro dato interesante: el 22% de los especialistas en Recursos Humanos reconoce que revisa las redes sociales de los candidatos durante un proceso de selección. Entre quienes lo hacen, las principales razones son conocer aspectos de la personalidad e intereses, evaluar la reputación online y verificar si la información del candidato es consistente con lo presentado durante el proceso.
Para Leal, esto confirma que la reputación profesional ya no se construye únicamente dentro de una oficina. “Hoy todos tenemos una vitrina pública, aunque tengamos pocos seguidores. Una publicación puede ayudarte a mostrar lo que haces, construir contactos y abrir oportunidades. Pero también puede producir el efecto contrario. El problema es que seguimos actuando muchas veces como si lo que ponemos en redes desapareciera después de unos minutos”, dice.
El empresario expresó que tampoco se trata de vivir con miedo o convertir cada publicación en un mensaje corporativo. “Las personas tienen derecho a tener opiniones, vida privada y espacios propios. El desafío está en entender que libertad y consecuencias pueden convivir. No porque todo lo que publiques deba agradarle a tu empresa, sino porque hoy una reputación puede construirse o dañarse mucho más rápido que antes”, afirma.