Por Matías Méndez Canín


Hoy me colé en el sector de los trenes donde nunca voy, ya que no tengo la necesidad de viajar tan lejos, aprovechando que tenía algo de tiempo antes de irme a casa.

El andén de tren es un microcosmos del orden social. Aquí, la conducta de los individuos está altamente codificada: la formación de filas, el respeto por el espacio personal y la espera silenciosa son normas tácitas que permiten que un sistema masivo funcione sin caos. Sociológicamente, este comportamiento ilustra la "rutinización de la vida cotidiana", donde los ciudadanos aceptan ceder parte de su autonomía individual a cambio de la eficiencia colectiva del transporte público. La interacción es mínima; el contacto es puramente funcional. Preguntándole a una amiga con la que estuve hoy me dijo que siempre se amontona la gente cerca de las puertas, nunca se hablan y la única interacción que suele pasar es cuando piden permiso tanto para subir como para bajar, lo cual me parece muy cortante pero sigue siendo una especie de interacción ¿verdad?