• La experiencia del Comité de Agua Potable Rural de Santa de Patagüilla muestra cómo la organización comunitaria permitió enfrentar la contaminación del agua mediante una planta de ósmosis inversa. 
    Desde el municipio, la Oficina de Medio Ambiente impulsa acciones de educación ambiental y planificación hídrica, aunque reconoce dificultades para fortalecer la gestión del recurso y la protección del entorno.

Por Sayuri Astorga | Buenos Días Curacaví

Fotografías: Sayuri Astorga | Buenos Días Curacaví

El desafío de cuidar el agua desde las comunidades

Curacaví enfrenta desafíos ambientales relacionados con la disponibilidad del agua, los cambios agrícolas y la intervención de los ecosistemas. En este escenario, las organizaciones comunitarias y las instituciones públicas buscan soluciones para proteger los recursos naturales y mejorar la calidad de vida.

Paula Muñoz, encargada de la Oficina de Medio Ambiente de la Municipalidad de Curacaví, señala que la crisis hídrica afecta a la comuna desde hace aproximadamente 17 años. La disminución del agua también ha influido en las actividades agrícolas y ganaderas y en el uso del suelo rural.

El municipio desarrolla talleres sobre cuidado del agua, reciclaje de aguas grises y protección de quebradas y vertientes. También cuenta con una ordenanza hídrica y el Plan de Acción Comunal de Cambio Climático 2025-2030. Sin embargo, Muñoz advierte que la participación en actividades educativas sigue siendo baja y llama a involucrar a los vecinos.

Cuando tener agua no significa poder consumirla

La experiencia de Carolina Carrasco, dirigenta del Comité de Agua Potable Rural de Santa de Patagüilla, muestra que la crisis también puede afectar la calidad del agua. Su organización debió buscar alternativas para garantizar el suministro potable.

Según relató, en 2014 uno de los pozos utilizados por la comunidad fue clausurado tras detectarse una concentración de nitratos de 114 miligramos por litro, superior al límite de 50 miligramos por litro que mencionó durante la entrevista. La situación obligó a buscar otras formas de abastecimiento.

En octubre de 2018, otro análisis volvió a detectar niveles de nitratos superiores al parámetro señalado en el pozo utilizado. Como respuesta, se instalaron 14 estanques distribuidos por la localidad, abastecidos semanalmente por Bomberos durante tres años, según el testimonio de Carrasco. Además, la organización adquirió más de cien equipos domiciliarios de ósmosis inversa.

Una solución que necesita continuidad

La solución colectiva requirió años de gestiones y búsqueda de financiamiento. De acuerdo con la dirigenta, el proyecto obtuvo recursos por aproximadamente 2.500 millones de pesos y su ejecución concluyó en 2023. La iniciativa permitió incorporar una planta de ósmosis inversa, tecnología que trata el agua para reducir determinadas sustancias disueltas.


La planta mejoró el tratamiento del agua, pero generó desafíos económicos. Carrasco explica que requiere insumos químicos y mucha electricidad. Según sus cifras, las cuentas eléctricas mensuales aumentaron de aproximadamente 1,2 millones a 3,6 millones de pesos, además de los sueldos y otros costos operacionales.


El sistema que describió cuenta con alrededor de 1.130 conexiones domiciliarias y abastece a unas 5.000 personas en distintos sectores, entre ellos Prado, Santa Inés, El Ajial, Colo Colo y Patagüilla.

Para la dirigenta, la participación de los vecinos es fundamental para mantener el servicio. “El agua es de todos nosotros”, señaló al referirse a la responsabilidad compartida que implica administrar el recurso. En las asambleas, los socios deciden sobre inversiones y necesidades del sistema.

Carrasco advierte que los costos y la necesidad de capacitación y asesoría técnica siguen siendo dificultades. La formación de dirigentes y operadores es clave para mantener la infraestructura.

Educación ambiental y participación comunitaria

Muñoz plantea que el cuidado del agua debe ir unido a la protección de los ecosistemas. Según su experiencia, la intervención del territorio, la eliminación de vegetación y los proyectos habitacionales pueden afectar los espacios naturales y la biodiversidad.

La Oficina de Medio Ambiente impulsa educación ambiental, reuniones con organizaciones y planificación frente al cambio climático. Su alcance también depende de la participación vecinal.

Muñoz propone avanzar en la reutilización de aguas grises, provenientes de actividades domésticas como ducharse o lavarse las manos, pero no del inodoro. Con un tratamiento adecuado, pueden destinarse a usos permitidos, como el riego. La encargada plantea que esta alternativa podría considerarse en nuevas construcciones y promoverse en establecimientos educacionales. Es una propuesta para fortalecer el uso eficiente del agua, no una medida implementada de manera general en toda la comuna.

La reutilización de aguas grises requiere sistemas y no significa usar directamente cualquier agua doméstica para regar. La propuesta busca instalar el tema en la conversación local y fomentar hábitos cotidianos, como evitar el desperdicio, revisar fugas y comprender que el cuidado del recurso comienza tanto en los hogares como en las decisiones de planificación.

Muñoz señala que la gestión hídrica requiere coordinación y capacidad técnica. Los municipios tienen limitaciones para contar con equipos dedicados exclusivamente a anticipar problemas del agua, por lo que considera necesario reforzar la planificación y el trabajo comunitario.

El desafío de sostener las soluciones

Las experiencias de Carrasco y Muñoz muestran que la crisis hídrica requiere respuestas en distintos niveles. La planta de ósmosis inversa surgió de la organización comunitaria; los talleres, las ordenanzas y la planificación municipal buscan promover el uso responsable del agua y proteger el entorno.

Sin embargo, ninguna iniciativa se mantiene únicamente con su instalación o anuncio. Los sistemas comunitarios requieren financiamiento, mantención y asesoría técnica; las acciones ambientales necesitan continuidad y participación ciudadana. Informarse y asistir a reuniones permite a los vecinos participar en decisiones que afectan a sus localidades.

En Curacaví, el reto no consiste solo en disponer de agua, sino también en cuidarla, tratarla y administrarla de manera sostenible. La experiencia rural demuestra que la organización comunitaria puede convertir una dificultad en una solución concreta, mientras que la planificación municipal puede contribuir a prevenir nuevos problemas. Mantener esos avances exige colaboración entre habitantes, dirigentes e instituciones, con compromisos que se sostengan en el tiempo. Estas medidas necesitan seguimiento, evaluación y comunicación para que los avances puedan mantenerse y replicarse.