Por Luis Sagüés Garay
Desmanes y violencia desatada en varios países europeos, (París en Francia) acontecimientos muy parecidos al estallido delictual del 18 de octubre de 2019 en Chile. Que hoy conmemora la oposición al actual gobierno. Hay en estos movimientos un “modus operandi” que se sigue casi perfectamente definido. Violencia en las calles por encapuchados vestidos íntegramente de negro, que agreden a transeúntes y provocan a las policías, para que usen los efectos disuasivos y si es posible, sus armas de fuego antimotines. A esto se unen ingenuamente los estudiantes de todos los niveles, que siempre están dispuestos a sumarse a todo movimiento que exprese descontento por muy diversas razones. También son convocados los inmigrantes que, huyendo de países socialistas, -muchos de ellos ingresados clandestinamente- expresan su malestar. Lo que induce a los delincuentes habituales, a romper vitrinas saquear supermercados y destruir la propiedad pública y privada. Impidiendo un normal desempeño de las personas que se movilizan a sus lugares de trabajo. Todo este caos, además, convoca a salir a protestar a todas las personas que, por razones atendibles, como el alza de los combustibles, cesantía y todo malestar social, que puede expresarse con estas acciones que sirven a los organizadores para dar un amplio volumen publicitario. Así se juntan una importante cantidad de personas, pero que, en esta última convocatoria de la izquierda extrema, no tuvo el éxito esperado. Las cifras de manifestantes en Santiago se mueven de tres a nueve mil personas. Pero este pequeño número, estimulado por sus organizadores y ampliamente amplificado por los medios, especialmente por los hechos violentos, aparecen como de grandes y multitudinarias proporciones. Las imágenes en París parecen calcadas, de las vividas por nosotros en el malhadado octubre de 2019.
Esto es la estrategia que quiere seguir la izquierda mundial, como respuesta de acción política, para recuperar la popularidad perdida en todas partes del mundo que han gobernado. Sus experiencias evidencian -y nuestro país es un ejemplo– de atraso, decrecimiento, inflación, deuda externa inmanejable, pérdida en la educación, aumento de los índices de pobreza, falta de inversión, colas interminables en la atención de salud, delincuencia descontrolada, altas cesantía, falta de vivienda, desusada corrupción, y un Estado hipertrofiado por operadores políticos inútiles e incompetentes, pero muy bien pagados con los impuestos de los trabajadores chileno y universales. Este análisis es aplicable a una importante cantidad de países en el mundo y muy especialmente hoy a los países europeos.
Es fácil concluir que los estados de bienestar social -modelo socialista- adoptado por los países europeos en crisis, ha sido otro tremendo fracaso de la izquierda mundial.
Sin embargo, hay evidencia empírica que es posible el desarrollo, utilizando modelos probadamente exitosos, que tienen componentes clave e indispensables como: estado de derecho, libertad de expresión, libre emprendimiento y crecimiento.





