Por: Buenos Días Curacaví
Hacer historia desde la Región Metropolitana no es tarea fácil, pero para Cervecería Hathor, los límites parecen no existir. Lo que comenzó como un sueño artesanal, cocinando en ollas de apenas 20 litros, hoy se ha transformado en un referente de la industria cervecera nacional. Liderada exclusivamente por mujeres en la comuna de Curacaví, esta microcervecería no solo ha conquistado paladares locales con sus de cinco estilos de altísima calidad y sus medallas internacionales, sino que además se ha convertido en la única de su tipo en Chile que exporta directamente al exigente mercado alemán, respaldada por el prestigioso sello de Marca Chile.
Para profundizar en esta inspiradora ruta de esfuerzo, perseverancia y crecimiento estratégico de la mano del Centro de Negocios Sercotec Melipilla, conversamos con su fundadora, Marcela Jiménez, quien nos comparte los secretos de su receta para el éxito, las dificultades del camino y sus ambiciosos proyectos para el futuro.
La chispa inicial y la identidad femenina
Marcela, el post de Sercotec nos recuerda esos inicios cocinando con ollas de 20 litros. Mirando hacia atrás, ¿cómo nació la decisión de crear una microcervecería artesanal en Curacaví y qué ha significado para ti liderar un equipo compuesto exclusivamente por mujeres en un rubro que históricamente ha sido muy masculino? Bueno, la idea nació en el año 2013. En ese momento yo me quedé sin trabajo. Yo estudié Química en la Universidad de Chile y la empresa donde trabajaba cerró. Como ya tenía hace tiempo el "bichito" de querer emprender y hacer algo propio en la comuna de Curacaví, decidí que era el momento. Así que, junto a mi amiga Sujei, nos planteamos el desafío: comenzamos a hacer nuestros primeros batches de apenas 20 litros en la cocina de su casa, y luego ya nos trasladamos a lo que es Curacaví actualmente.
Desde el inicio del proyecto tuvimos una visión muy clara: queríamos fundar una cervecería chilena producida y gestionada exclusivamente por mujeres. El gran objetivo era recuperar la complicidad entre mujeres en el espacio de trabajo, derribar el mito de que la cerveza pertenece a un mundo puramente masculino, y demostrar la enorme capacidad técnica y creativa que nosotras tenemos en este rubro.
Cuando iniciamos éramos muy poquitas mujeres en el sector, pero hoy en día la realidad es otra; hay muchísimas a lo largo de todo Chile y eso me tiene muy contenta. Incluso algunas compañeras y colegas nos han confesado que comenzaron en el mundo cervecero inspiradas por nuestro trabajo. Escuchar eso es algo hermoso y nos llena de un orgullo tremendo.
La ruta hacia el mercado alemán
Hoy son la única microcervecería chilena que exporta directamente a Alemania, la cuna de la cerveza. ¿Cómo fue ese proceso para convencer a un mercado tan tradicional y exigente, y de qué manera influyó la obtención del sello de Marca Chile para abrir esas fronteras? Lo que ocurrió con Alemania es una gran anécdota. Ellos, por curioso que suene, llegaron a nosotras indirectamente a través de una vecina de Su, durante la pandemia. En esa época lo estábamos pasando muy mal en lo económico; las visitas a la planta eran casi nulas y las ventas estaban por el suelo. Por lo mismo, yo iba a cualquier lugar donde me invitaran a vender.
Así fue como terminé en una feria que organizaron los vecinos dentro de un condominio en María Pinto. Eran de esas típicas instancias de vecindario, con unas cinco o seis mesas, pensadas para vender durante unas tres horas. Yo partí para allá con una mesa, un par de cajas de cerveza y nos instalamos en un patio a la entrada del condominio. Estábamos sin luz, a oscuras, y creo que en cinco horas apenas vendí unos 30 mil pesos. Sin embargo, una de esas pocas ventas fue a una mujer con rasgos alemanes. Al ver nuestras botellas, me dijo: "¡Oye, qué lindas las gráficas! Y qué bonito que sea un emprendimiento de puras mujeres. Mira, yo no tomo alcohol, pero tengo un hijo que vive hace muchos años en Alemania, tiene un negocio allá, le encanta la cerveza y se las voy a llevar de regalo".
Pasaron varios meses y, de repente, esta mujer se vuelve a comunicar conmigo. Me contó que su hijo y un socio alemán viajarían a Chile con la idea de recorrer y conocer varias cervecerías, y que querían incluir la nuestra en la ruta. Su negocio consistía precisamente en importar marcas artesanales chilenas a Alemania. Cuando llegaron a nuestra planta, ya habían visitado muchísimos lugares. Probaron nuestra cerveza y nos dijeron algo que jamás olvidaré: "Esta es la última cervecería que visitamos antes de tomar el avión de regreso. Hemos probado de todo, y esta es, definitivamente, la mejor cerveza de nuestro viaje. Nos encanta".
¿Qué los convenció? Primero, la calidad por sobre todas las cosas, porque los alemanes son sumamente exigentes. Les fascinó nuestro concepto de hacer cerveza tradicional, limpia, sin aditivos ni frutas; elaborada estrictamente con los ingredientes nobles y básicos del proceso cervecero. Eso fue un punto muy a favor. Lo segundo que los cautivó por completo fue nuestra historia: el hecho de que seamos un equipo integrado solo por mujeres. En Europa valoran muchísimo el relato humano y el trasfondo de los proyectos; eso marcó una diferencia increíble. Y, por supuesto, llevar el sello de Marca Chile ha sido fundamental. Contar con esa insignia es un tremendo respaldo, una gran carta de presentación que nos destaca como un producto emblemático que representa al país, tanto en el turismo interno como en el extranjero. Ese sello nos dio un gran impulso y un estatus de confianza único frente a los compradores internacionales.
Las piedras en el camino
Detrás de las medallas internacionales y los aplausos siempre hay momentos complejos. ¿Cuáles han sido las mayores dificultades o barreras que tuviste que superar en este trayecto y qué aprendizajes te dejaron como emprendedora? Si soy honesta, el momento más complejo lo estamos viviendo ahora mismo. El escenario postpandemia ha sido sumamente crudo y difícil para todos. Aunque logramos salir adelante en la crisis sanitaria, hoy sentimos que la mochila financiera está mucho más pesada. Nuestros productos, al ser artesanales y de nicho, tienen un costo de producción más elevado y, por ende, al público le cuesta un poco más priorizarlos en momentos económicamente complejos. A pesar de que el repunte cuesta, nos mantenemos optimistas, tal como lo fuimos en el día uno. El mayor aprendizaje que me queda de esto, y que sigo asimilando día a día, es que bajo ninguna circunstancia hay que paralizarse. Frente a la dificultad, hay que moverse y buscar alternativas.
Por eso, hoy me tiene muy esperanzada un proyecto que quiero concretar a mediano plazo: abrir una sala de ventas aquí mismo en la cervecería. Curacaví tiene un tremendo potencial para el turismo cervecero. Queremos que nuestro espacio esté abierto a la comunidad, que la gente de Santiago, de las comunas vecinas y de todas las regiones venga, viva la experiencia y conozca nuestro arte. Crear esta propuesta de valor turística y diferenciadora es clave para asegurar la sostenibilidad financiera de la cervecería.
La alianza clave con Sercotec
El éxito no se cocina solo, y el Centro de Negocios Sercotec Melipilla (particularmente tu asesor, Daniel López) ha sido clave en su crecimiento. ¿Cuál consideras que fue el punto de inflexión o la mayor transformación en el negocio gracias a este acompañamiento y capacitaciones? La alianza con Sercotec ha sido fundamental, un apoyo tremendo en todo sentido. En los inicios yo participaba de manera activa en Sercotec Central, antes de pertenecer formalmente al Centro de Negocios. Hice muchísimas capacitaciones gratuitas que me ayudaron a formarme como microempresaria en diversas áreas administrativas. Pero el verdadero punto de inflexión llegó al tener un asesor directo a tu lado.
Yo soy química; no estudié finanzas, contabilidad ni marketing, y sentía que me faltaba muchísimo por aprender para dirigir una empresa. Un asesor no es solo un guía que te entrega herramientas frías para encauzar tu negocio. En el caso del Centro de Negocios de Melipilla, y en particular con mi asesor Daniel López, la relación va mucho más allá: se transforma casi en un vínculo familiar. Él conoce el negocio, pero también me conoce a mí, y esa cercanía empodera enormemente el trabajo cotidiano, construyendo una relación basada en la confianza y el cariño.
Cuando tengo dudas, simplemente lo llamo y le digo: "Dani, sabes que se me ocurrió esta idea, pero no sé si sea viable". Si él está ocupado, me devuelve la llamada de inmediato para darme un consejo sincero. Ese respaldo es impagable y les estoy infinitamente agradecida. Además, gracias al constante apoyo de Daniel, hemos logrado adjudicarnos varios fondos de Sercotec que han sido el motor para hacer crecer la planta. Si no fuera por esos recursos, difícilmente tendríamos la cervecería con la que contamos hoy. Es así de literal: cuando partes con apenas 500 mil pesos y sin espalda financiera, contar con estos apoyos del Estado es lo que marca la diferencia entre subsistir o crecer. Por eso, siempre que me encuentro con emprendedores perdidos, me transformo en una embajadora y les digo: "Vayan al Centro de Negocios, es la mejor decisión que pueden tomar". El orgullo de representar a Curacaví.
La identidad local es fundamental en los productos de calidad. ¿Cómo influye el valle de Curacaví, su agua y su comunidad en el sello que le imprimen a cada uno de sus 5 estilos de cerveza? ¡Es un orgullo tremendo! Desde que elegimos llamarnos Hathor —que es el nombre de una diosa egipcia ligada al gozo y la festividad— decidimos que abajo, de forma obligatoria, debía llevar el sello "Valle de Curacaví". Nos sentimos sumamente privilegiadas de hacer cerveza acá porque el agua de la zona es de una calidad excepcional. En el sector donde estamos instaladas, en El Ajial, hemos analizado químicamente el agua en varias oportunidades y sus propiedades son perfectas para lograr la estabilidad de nuestros estilos. Aunque existen diferentes tipos de perfiles de agua según el estilo de cerveza que se quiera fabricar, nosotras optamos por producir exclusivamente aquellas variedades que se acoplan de manera idónea y natural al agua que ya tenemos. No la modificamos artificialmente; el agua de Hathor se utiliza tal cual brota de la tierra, realizando únicamente una filtración ligera para eliminar el cloro por razones técnicas de inocuidad, pero conservando intactos su carga iónica originales. Ese es el gran sello diferenciador del sabor de nuestra cerveza, un carácter único que lo otorga el agua de Curacaví.
Estoy convencida de que en Curacaví se hace excelente cerveza. Y no lo digo solo por nosotras, sino por todas las marcas que integran nuestra Asociación de Cerveceros locales. La calidad del producto de la zona no es casualidad; por lo mismo, Curacaví debe plantearse y perfilarse firmemente como el Distrito Cervecero de excelencia de la Región Metropolitana. Es una tarea recíproca en la que las cervecerías potenciamos a la comuna, y la comuna nos potencia a nosotras.
Mirando al futuro
Los objetivos que se han trazado a futuro son ambiciosos: sustentabilidad energética, potenciar el turismo cervecero y la llegada al retail de la mano de la Cooperativa Procechi. ¿Cómo se preparan para dar estos nuevos pasos y dónde sueñas con ver a Cervecería Hathor en los próximos cinco años? Mirando hacia adelante, nuestros objetivos a corto y mediano plazo apuntan decididamente a la sustentabilidad. Actualmente, estamos enfocadas en la ampliación y mejoramiento de nuestra planta de tratamiento de aguas residuales para su reuso en riego. En una cervecería se desecha mucha agua del lavado de los estanques y de los procesos de limpieza en general; agua limpia pero con residuos orgánicos que nosotros hoy recuperamos para regar áreas verdes, lo que nos permite ahorrar y reutilizar cerca de 50.000 litros al año. Nuestra meta con este proyecto de optimización es alcanzar un ahorro de hasta 100.000 litros anuales, esto significaría 100 mil litros de agua a disposición de la comunidad local. A esto se suma el plan de instalar paneles solares para que toda la operación de la planta funcione con energía limpia y sustentable. En el plano colaborativo y social, seguimos trabajando fuertemente desde nuestra agrupación de cerveceros para potenciar el turismo y la cultura local mediante eventos masivos. Por otro lado, somos orgullosas fundadoras de la primera cooperativa de mujeres cerveceras a nivel latinoamericano. A través de esta cooperativa logramos un hito histórico este año: ingresar formalmente al retail, posicionando nuestros productos en Lider.cl de Walmart. Ha sido un proceso metódico, lento y de mucho esfuerzo, pero nos ha dado una visibilidad y una presencia enorme en distintas regiones del país.
En cuanto a nuestra relación comercial con Alemania, esta se encuentra más firme que nunca. De hecho, esta última semana tuvimos la visita en la planta de uno de los socios alemanes. Vinieron a estrechar lazos, a grabar material audiovisual y nos contaron con alegría que nuestra cerveza ha tenido una excelente recepción allá y que ya están evaluando abrir mercados en otras partes de Europa, lo cual representa un tremendo y hermoso desafío.
¿Dónde sueño ver a Cervecería Hathor en cinco años más? Mi gran meta es que logremos ser 100% sustentables en nuestra producción y haber consolidado con total solidez el canal de exportación a Europa. Y, siendo muy optimista, en cinco años más me imagino viajando a Alemania para asistir a alguna gran feria internacional, pararme frente a los mismos productores alemanes y poder hablarles de tú a tú, mostrándoles con orgullo de qué está hecha la cerveza artesanal de las mujeres de Curacaví.