Hoy tenemos el privilegio de conversar con María Teresa Alarcón Cornejo, cariñosamente conocida como Tere, una vecina de Curacaví que se ha destacado por su profunda vocación de servicio a la comuna. Desde muy joven, Tere ha dedicado su vida al trabajo pastoral y comunitario, culminando en años de valiosa labor en la Municipalidad de Curacaví, especialmente en las áreas del Adulto Mayor y Organizaciones Comunitarias.

Su compromiso, marcado por la lealtad y la transparencia, le ha valido el respeto y el cariño de innumerables dirigentes y vecinos, siendo un verdadero nexo entre la comunidad y la gestión local. A pesar de enfrentar hoy un complejo desafío de salud, su espíritu inquebrantable y su optimismo siguen siendo una inspiración.

Teresita, bienvenida. Gracias por compartir tu historia y tu corazón con nosotros.

Teresita, cuéntanos de ti. Sabemos que eres de Curacaví y que eres destacada por tu labor de servicio a la comuna. Háblanos sobre esta bella labor que has realizado y qué ha significado en tu vida. R: Mi nombre es María Teresa Alarcón Cornejo, nací en Curacaví, soy la segunda hija del matrimonio de Orlando Alarcón y Sonia Cornejo, y tengo una hermana y dos hermanos de esa unión. Soy casada hace 38 años con José Toledo Gutiérrez, soy madre de Patricio, Daniela y María Constanza, y también soy abuela de Matías Guillermo Toledo Castillo.

Mi compromiso de servir a las personas comenzó de muy joven, cuando desarrollaba labores pastorales en la capilla de mi villa en Santiago, donde viví diecinueve años, intercalando con Curacaví el tiempo de vacaciones, en el que veníamos a trabajar con mi padre al Estadio Julio Riesco, donde viví dos años.

Ingresé a la Municipalidad como masoterapeuta en el año 2008 en la Oficina del Adulto Mayor, a cargo de Gabriela Alarcón. Ahí estuve siete años ayudando con mis terapias hasta llegar a trabajar todos los días como asistente administrativa y masoterapeuta. Pasé días y momentos muy hermosos con ese programa. Luego me trasladaron a distintas áreas hasta que comenzamos a trabajar con Ximena Herrera en Organizaciones Comunitarias. Nuestro trabajo como oficina era darle al dirigente el apoyo, el valor y las herramientas para poder guiar a las personas de la organización que cada uno dirigía, y para avanzar en lo que esperan las personas cuando los escogen. Para mí, haber llegado a la oficina sin saber nada fue un desafío, pero aprendimos con Ximena a ser un equipo, con lealtades, sin cahuines, buscando siempre hacer el mejor trabajo para poder ser una ayuda para las personas que nos necesitaban. Sentía que teníamos que ser el nexo entre la Municipalidad y los dirigentes, y de ahí a cada persona. Fue un hermoso trabajo que extraño, pero atesoro en mi corazón cada momento vivido.

Si pudieras destacar un solo momento o proyecto que te haya llenado el alma o marcado profundamente tu vocación de servicio, ¿cuál sería y por qué?
R: Sin duda que trabajar con adultos mayores y en organizaciones. Pasé muchos hermosos momentos y muchas actividades, como el "Pasamos Agosto". Fuimos pioneras con los pasacalles, viajes de adultos mayores con las señoras haciendo sus sketch y sus inmensas ganas de vivir. Pero la pandemia fue lo que puso a prueba toda nuestra vocación: ir a trabajar, entregar las cajas a las familias, la constante comunicación que tenía con los dirigentes vía WhatsApp, con los mismos enfermos que nos pedían ayuda, preocupada de que comieran, de que les llegara asistencia cuando era necesario. El equipo de Dideco, encabezado en aquella época por Carlos Hormazábal, era uno solo, cada uno tenía su parte en este eslabón. Tuve a cargo los almuerzos solidarios por todo el tiempo que fue necesario y llegamos a entregar 400 raciones diarias.

¿Qué significa para ti este reconocimiento y cuál crees que fue el secreto para construir ese vínculo de confianza y apoyo mutuo con la gente de la comuna? R: Fue el último Día del Dirigente al que asistí. Ximena me invitó a que fuera a acompañarlos; yo ya estaba trabajando medio día. Marianela Durán pidió que yo saliera adelante. Me sorprendió, debo decirlo. Sabía del cariño que mutuamente nos teníamos y que con algunas aún existe. El secreto solo es actuar de frente, con cariño, acogida, sabiendo que en frente mío hay una persona que necesita que la escuches, que el ser dirigente es un servicio gratuito a la comunidad, que mi deber es darles el lugar que les corresponde por ser dirigentes, que si digo mañana es mañana, y si no tengo lo que necesiten hay que avisarles que estoy con problemas, pero que voy a solucionar y a hacer. Es ser una persona resolutiva y no "pelotear" a la gente.

¿Cuál es esa imagen, ese sonido o esa anécdota que te saca una sonrisa inmediata y te recuerda lo lindo de tu labor en la comuna?
R: De niña, escuchar un pajarito llamado cuculí me recuerda el río, el estadio, cuando el río llegaba muy arriba y pasaba la Piedra Tacita. De la Muni, son muchos momentos que me traen recuerdos: los bailes de adulto mayor, decorar el Joaquín Blaya, las mil anécdotas tras bambalinas en las actividades, los aniversarios... uff, muchas cosas.

Te enfrentaste a un cambio por temas de salud. ¿Qué actividades o pasiones te han ayudado a mantener el espíritu activo y positivo en este tiempo o qué nuevos intereses has descubierto que te dan alegría? R: Yo hasta el 2021 podía realizar toda mi vida normal. Nunca pensé que la vida me iba a dar esta inmensa prueba. Un día, después de varios golpes, fui a una neuróloga y, después de seis meses, me diagnosticó "Miositis por Cuerpo de Inclusión", una enfermedad autoinmune y degenerativa que afecta a los músculos, que no tiene medicamentos, solo ejercicio y alimentación.

Gracias a Dios que me acompaña cada día, porque me dio un compañero de vida que está a mi lado cada día, a mi familia que me anima a seguir. Hoy aprendí a ver la discapacidad desde la otra vereda, de esa que uno mira de lejos cuando te crees o sientes sano. Pero uno nunca sabe cuándo esto cambia y ahora veo todo lo que significa ser discapacitado: el no poder entrar a los lugares, el aguantar de ir al baño porque es bajo. Múltiples cosas. He visto a muchos jóvenes con discapacidad que quieren hacer cosas para sentirse útiles, sentir que llevan unos pesos a su casa y que no son un estorbo. Es por eso que se formó nuestra organización llamada “Talento Activo de Curacaví” que busca dar esa autovalencia que se pierde y que día a día luchamos por no perder.

¿Cómo ha sido el proceso de adaptación y qué te da fuerza? R: Ha sido difícil, largo el proceso de adaptación. Cuesta aceptar que ya no eres lo que hace tan poco eras. Al principio se llora mucho y más cuando te tienes que enfrentar a la gente que te mira con pena, sientes como si estuvieras ya muriendo. Pero ahí están las ganas, la familia, mi esposo que es mi todo. Lo que más cuesta es que la cabeza acepte este nuevo proceso. Tengo mi precioso nieto que llegó junto con mi enfermedad, a subirme el ánimo, darme la energía. Yo siempre he sido positiva y siento que mi Señor de los Cielos nunca haría algo malo para mí. Si lloro, será un ratito, me limpio y vamos para arriba.

Si tuvieras que dar un consejo, ¿cuál sería? R: A los funcionarios: nunca se olviden que trabajan con personas y el que está enfrente no tiene la culpa de tus rabias o malos ratos, una sonrisa soluciona muchos problemas. A todos los que me conocen, decirles que la vida tiene muchas vueltas y hay que vivir la vida feliz, cada día agradece el despertar, el respirar, el moverte. No te quejes tanto, la vida es hermosa pese a todo.

Finalmente, quiero agradecer todo el cariño recibido de cada club de Adulto Mayor, de cada Dirigente y de cada vecino de Curacaví.
Muchas gracias, Tere, por compartir esta gran conversación con nosotros.